3 maggio 2018

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Un’esperienza davvero unica, non confermata né da foto né video (il cellulare era scarico). Dovete fidarvi delle mie parole. Ieri sera, suor Claudia delle Orsoline di Milano, dopo averci portato a mangiare la pizza, mi suggerisce di non perdermi lo spettacolo del ritrovo degli uccelli al tramonto nella piazza della Cattedrale di Leticia. Così oggi parto a piedi dalla casa episcopale di Tabatinga e, in 40 minuti, passando per il confine (che é senza controlli), arrivo alla Cattedrale giusto alle 17h30. Alzo gli occhi al cielo e vedo tanti uccelli che volano molto in alto. Poi dopo alcuni minuti, a folate, iniziano a scendere velocissimamente dentro gli alberi, come se dovessero schiantarsi. Scendono, alcuni si appostano, altri ripartono. Mai da soli, sempre come parte di uno dei tanti stormi, alcuni dei quali si incrociano, sembra si scontrino, ma mai alcun uccello viene ferito, né perde la traiettoria. Oltre a guardare le loro velocissime, repentine, splendide traiettorie, non posso non godere il loro canto fragoroso e quasi assordante. Rimango a guardare in alto, i rami dei 7 alberi del parco, che piano piano ospitano migliaia e migliaia di uccellini, che progressivamente riducono il volo e cercano un posto per la notte. Risultato, dopo un’ora di splendida visione ed ascolto: sono stato «baciato dalla fortuna» per ben quattro volte!

Una experiencia verdaderamente única, no confirmada por fotos o videos (el teléfono móvil fue descargado). Debes confiar en mis palabras. Ayer por la tarde, la Hermana Claudia de las Ursulinas de Milán, después de habernos traído a comer pizza, me sugirió que no me perdiera el espectáculo de los pájaros al atardecer en la plaza de la Catedral de Leticia. Así que hoy salgo a pie desde la casa episcopal de Tabatinga y, en 40 minutos, pasando por la frontera (que está sin controles), llego a la Catedral justo a las 17h30. Miro hacia el cielo y veo tantas aves que vuelan muy alto. Luego, después de unos minutos, en ráfagas, comienzan a descender rápidamente dentro de los árboles, como si fueran a estrellarse. Bajan, algunos acechan, otros se van de nuevo. Nunca solo, siempre como parte de una de las muchas bandadas, algunas de las cuales se cruzan, parece colisionar, pero ningún ave se lastima, ni pierde la trayectoria. Además de ver sus trayectorias rápidas, repentinas y hermosas, no puedo dejar de disfrutar de su canción estruendosa y casi ensordecedora. Miro hacia arriba, las ramas de los 7 árboles en el parque, que lentamente albergan miles y miles de aves, que gradualmente reducen el vuelo y buscan un lugar para pasar la noche. Resultado, después de una hora de maravillosa visión y escucha: ¡fui “besado por la suerte” por cuatro veces!

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