LETTERA ALLA FINE DEL PELLEGRINAGGIO DA DURÁN A MANAUS (da don Luigi ed don Evaristo a don Ruggero)

La vita non appartiene a noi: la riceviamo e la doniamo (don Ruggero Ruvoletto)

La vida no es nuestra: la recibimos y la entregamos (padre Rogerio Ruvoletto)

 

(antes en espanol, piú sotto in italiano)

CARTA A MONSENOR ANIBAL, A LOS SACERDOTES, RELIGIOSAS Y LAICOS DE LA DIOCESIS DE SAN JACINTO, DE PARTE DEL PADRECITO JUAN PABLO ASSISO

Querido padre obispo Anibal, queridos amigos y hermanos sacerdotes, queridos amigos ecuatorianos.

Casi se acaba mi peregrinación desde Durán hasta Manaus, surcando en vários barcos lós rios Napo y Amazonas. Ya He llegado a La ciudad de Manaus, ya me He quedado en oración en La casa parroquial donde el 19 de septiembre de 2009 (mientras yo ya estaba en el ecuador, trabajando como misionero en la arquidiócesis de Quito) fue asesinado mi amigo padre Ruggero Ruvoletto, sacerdote misionero de la diócesis de Padua.

En aquel entonces me comprometí, si Dios me concedía la gracia de salir vivo de la misión en Ecuador, a volver a Itália pasando por Manaus, para rendirle homenaje a él. Así que casi estoy acabando esta peregrinación, en la que muchos de ustedes me han acompanado con su oración y siguiendo el sitio web www.quitoccoilcielo.com o el Facebook Juan Pablo Assiso, donde puse muchas fotos y mis reflexiones escritas durante este largo viaje. No ha pasado ni un día en el que me haya olvidado de mi parroquia, de lós amigos y parroquianos del Arbolito, de lós sacerdotes de la diócesis de San Jacinto y de Padua, de las hermanas, de mi obispo. Pero, en muchos lugares del Amazonía no había Internet e igualmente me he esforzado de no molestarlos demasiado, de no entrar todos los dias en los grupos de WhatsApp, sino de confiar en la amistad de las personas que por muchos anos me han acompanado y que todos lós dias me han custodiado con su oración.

Sin embargo, en estos 40 días de viaje em barco, acompanado todos lós dias por la lectura de lós Hechos de lós Apostoles, me He sentido como San Pablo em sus viajes. Es claro que se trataba de viajes apostólicos, que él anunciaba el evangelio, que él en estos viajes arriesgó y finalmente entregó su vida para Cristo y el evangelio. Para mi em cambio se há tratado de un paseo por lós rios amazônicos, de un viaje en el que pude conocer cuantos es maravillosa la creación de Dios y multifacética la iglesia de Cristo, de una peregrinación en La que fui acompanado por unos sacerdotes misioneros de Padua que han entregado su vida en La misión (padre Luis Vaccari fallecido en um accidente de carretera en Quito en El 1998, padre Evaristo Mercurio fallecido en una creciente en Esmeraldas em 1999, padre Ruggero Ruvoletto asesinado en Manaus en 2009). Yo en cambio estoy con vida. Pero He pensado: Qué significa salir vivo de Ecuador? Quién tiene más vida: quién La guarda para si mismo o quién la pierde y la entrega toda? No es verdad que cada misionero tiene que ofrecer su vida para la misión? Tiene que entregarla, donarla, sacrificarla para Cristo y su evangelio? Ojalá cada sacerdote, cada misionero sea dispuesto a entregarla totalmente. En cada misa celebrada los sacerdotes repetimos: Este es mi cuerpo que se entrega para ustedes. También padre Ruggero repitió estas palabras en su ultima Eucaristía antes de morir: Isto é o meu corpo que se entregue para vos. Que Dios me y nos conceda La gracia (en los momentos de nuestra vida y en El momento de nuestra muerte) de entregarnos como Cristo, así como lo celebramos en La Eucaristía.

Há sido un viaje muy largo. Em más de 3000 km he visto tanta água, muchos peces, pero pocos pescadores. Y lós pocos pescadores a veces, como lós Apostoles, no pescan nada. Algunos pescadores (sacerdotes) están contentos o decepcionados, dependiendo de cuantos pescados haya en la red. Tengo que pedir perdón porque muchas veces he medido mi alegría contando cuántos cristianos hay en La iglesia. Le pido al Senor poder encontrar mi alegria no contando cuántos pescados haya en la red, sino simplemente por estar pescando junto con Él.

Este viaje ló pude realizar durante todo El tiempo Pascual, saliendo desde Durán en el domingo de La Misericordia, antes conocido como Dominica in albis depositis, porque lós recién bautizados deponían las albas recibidas y vestidas durante La Vigilia Pascual. Yo tuve La dicha de recibir esta Alba el 23 de marzo de 2014, cuando monsenor Anibal, junto con monsenor Arregui, monsenor Nuncio Apostólico y muchos de ustedes sacerdotes, bendijeron La nueva Parroquia de Nuestra Senora Del Perpetuo Socorro y me eligieron como su primer parroco. Esta Alba La dejé al padre Mattia Bezze, para empezar un nuevo camino.

Para mi fue un orgullo trabajar con ustedes, aunque un italiano nunca se convierte en ecuatoriano. Sin embargo, esto fue una riqueza: por un lado pude llevar y compartir algunos tesoros desde Italia, por otro lado pude recibir todos lós muchos tesoros que tiene La cultura, La tradición, La Fe de lós ecuatorianos. Ahora se me pide llevarlos a Italia, en La diócesis de Padua, para enriquecer mi tierra, mi gente, mi futura parroquia, para darles nueva vitalidad, nuevos impulsos, nueva energia, ya que La Fe en Italia está pasando por momentos muy bajos y críticos.

Llegué al Ecuador con 40 anos y salgo con la edad de 51. He crecido, he maturado, aunque tengo algunos rasgos de nino travieso o de Piter Pan, como algunos dicen. Salgo más contento de la vida, más contento por el Don de La Fe recibido por mi família y por La iglesia de Padua, más contento porque esta Fe há sido enriquecida y fortalecida aqui por todos lós ecuatorianos que he conocido. Salgo de este país más contento de ser sacerdote: aqui He experimentado La belleza de ser sacerdote, quizás en Itália no sea ló mismo, pero Cristo nos há invitado a sembrar siempre, de toda forma, em cualquier situación, aunque no se vean pronto lós frutos de nuestra fatiga. Aquí en ecuador tuve La dicha de sembrar poco y recoger mucho, porque esta es tierra buena, tierra fértil, tierra sagrada.

Ecuador es una tierra maravillosa. En este viaje He llegado hasta lós últimos rincones y más allá. He tocado las ciudades de Ibarra, Quito, Papallacta, Tena, Coca (desde aquí dejando las carreteras y surcando el rio Napo), Tiputini, Nuevo Rocafuerte (en Ecuador), Cabo Pantoja, Santa Clotilde, Iquitos (desde aquí surcando el grande Río Amazonas), Pebas, Santa Rosa (en Perú), Leticia (en Colombia) y (entrando en Brasil) Tabatinga, São Paulo de Olivença, Tefé, Coarí, Manacupuru, Manaus. Poco dias antes de Pentecostés llegué en la ciudad capital Del Amazonas, en La que padre Ruggero entregó su vida: fue matado en La casa parroquial, arrodillado a lado de su cama, con un disparo en La cabeza, hecho por una persona desconocida, quizás un joven mismo que El había ayudado. He rezado en este lugar: He dado gloria a Dios por su vida y su entrega, He agradecido a Dios por mi vida, mi misión, por las personas que en estos anos puso a mi lado, Le He confiado La iglesia Del Perpetuo Socorro, de San Jacinto, Del Ecuador, de Italia, de Padua, de mi futura (y aun desconocida) comunidad parroquial. Dios es grande y podemos confiar en Él, aunque no todos sus planes lós entendemos. Sentí que La sangre de padre Ruggero es El mismo fuego de Pentecostés que tiene que invadir mi vida y darme todavia fortaleza para mi nueva misión. La sangre de lós mártires es La linfa Del Espiritu Santo que alimenta y fortalece La Iglesia.

Me despido de ustedes, amigos queridos. Nunca nos olvidemos lós unos de lós otros, pero, hasta cuando estemos Delante Del sagrario a La presencia de Jesús, siempre estamos unidos en un solo Cuerpo, en su Cuerpo. Yo no me olvido de ustedes y lós espero en Italia. Las puertas de La casa de mi família (y a futuro de mi casa parroquial) están abiertas para recibirlos, ya que muchas veces He aprovechado de su hospitalidad y generosidad. Cuando vengan a Itália, siéntanse en su casa. Desde Padua se puede visitar comodamente las ciudades de Venecia, Milán,Verona y las esplendidas montanas Dolomitas. Será un gusto para mí acompanarlos.

Si Dios quiere, acompanado por La Virgen María que enfrentó un viaje largo e incómodo para visitar y servir a su prima Isabel, justo manana 31 de mayo volveré a Italia y empezaré una vida nueva, porque por las riquezas que recibí de ustedes ya no soy El mismo Juan Pablo que hace diez anos llegó al Ecuador. Dios lês pague!

Todos unidos en Cristo,

 

Padrecito Juan Pablo Assiso

giampya@libero.it

WWW.quitoccoilcielo.com

Facebook: Juan Pablo Assiso

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La vita non appartiene a noi: la riceviamo e la doniamo (don Ruggero Ruvoletto)

LETTERA A DON CLAUDIO, VESCOVO DI PADOVA, A DON GAETANO, AI CONFRATELLI SACERDOTI DELLA DIOCESI DI PADOVA ED A TUTTI I MIEI AMICI

 

Caro don Claudio Vescovo, cari confratelli preti, cari amici ecuatoriani e padovani

Il mio pellegrinaggio da Durán (Ecuador) a Manaus (Brasile), iniziato il 9 aprile il giorno dopo il saluto nella parrocchia dell Arbolito di Durán in Ecuador, si è quasi concluso, navigando in diverse imbarcazioni sul fiume Napo e Rio delle Amazzoni. Sono arrivato alla città di Manaus ed ho onorato la memoria di don Ruggero, pregando nella canonica dove il 19 settembre 2009 (mentre io ero già in Ecuador, a lavorare come missionario a Carcelén Bajo, nella cittá di Quito) è stato assassinato.

In quel giorno mi ero ripromesso, se Dio mi avesse dato la grazia di portare a termine la missione in Ecuador, di tornare in Italia attraverso Manaus, per rendere omaggio a don Ruggero. Così sto quasi finendo questo pellegrinaggio, in cui molti di voi mi hanno accompagnato con la loro preghiera e seguendo il sito web www.quitoccoilcielo.com o in Facebook Juan Pablo Assiso, dove ho messo molte immagini e le mie riflessioni scritte nel corso di questo lungo viaggio. Non c é stato un giorno in cui ho dimenticato la mia parrocchia, gli amici e parrocchiani di Arbolito, i sacerdoti delle diocesi di San Jacinto e Padova, le religiose, i miei due vescovi. Anche se in molte parti del Rio delle Amazzoni non c’era Internet, molte persone mi hanno accompagnato e seguito soprattutto con la loro preghiera.

Tuttavia, in questi 40 giorni di viaggio in barca, la quotidiana lettura degli Atti degli Apostoli, mi ha fatto sentire un po come San Paolo nei suoi viaggi. È chiaro che per lui si trattava di viaggi apostolici, che annunciò il Vangelo, che in questi viaggi rischiò e alla fine diede la sua vita per Cristo e il Vangelo. Per me invece è stato un viaggio turistico nei fiumi amazzonici, ma anche un percorso di meditazione sulla meravigliosa natura creata da Dio e di riflessione sulla varietá della unica chiesa di Cristo, un pellegrinaggio in cui sono stato accompagnato dai missionari sacerdoti Padova che hanno dato la vita in missione (padre Luigi Vaccari morto in incidente stradale a Quito nel 1998, il padre Evaristo Mercurio morto a Esmeraldas in una piena del fiume nel 1999, padre Ruggero Ruvoletto assassinato a Manaus nel 2009). Io, grazie a Dio, sono vivo. Ma ho pensato: cosa significa essere vivo dopo dieci anni di missione in Ecuador? Chi ha più vita: chi la tiene per sé o chi la perde e dà tutto? Non è vero che ogni missionario deve offrire la sua vita per la missione? Che deve darla, donarla, sacrificarla per Cristo e il suo vangelo? Spero che ogni sacerdote, ogni missionario sia disposto a darla completamente. In ogni Messa che celebriamo noi sacerdoti ripetiamo: Questo è il mio corpo che é offerto per voi. Anche Padre Ruggero ha ripetuto queste parole nella sua ultima Eucaristia prima di morire: Isto é o meu corpo que se entregue para vos. Che Dio mi (ci) conceda la grazia (nella vita e nella morte) di offrire noi stessi come Cristo, per realizzare le parole che diciamo nell’Eucaristia.

È stato un viaggio molto lungo. In più di 3000 km ho visto tanta acqua, molti pesci, ma pochi pescatori. E i pochi pescatori a volte, come gli apostoli, non pescano nulla. Alcuni pescatori (sacerdoti) sono felici o delusi, a seconda di quanti pesci catturano nella rete. Devo chiedere scusa perché molte volte ho misurato la mia gioia contando quanti cristiani c erano nella mia chiesa. Chiedo al Signore di trovare la mia gioia non nel contare quanti pesci ci sono nella rete, ma semplicemente nel pescare assieme a Lui.

Ho potuto realizzare questo viaggio durante il tempo pasquale, in partenza da Durán nella Domenica della Misericordia, giá nota come Domenica in Albis (depositis) perché dopo 7 giorni dal Battesimo i nuovi battezzati deponevano la veste bianca ricevuta nella notte di Pasqua. Ho avuto la gioia di ricevere anche io il camice bianco sacerdotale (in spagnolo si chiama: Alba) il 23 marzo 2014, quando monsignor Anibal, vescovo di San Jacinto, insieme con l Arcivescovo di Guayaquil ed il nunzio apostolico inEcuador, ha benedetto la nuova parrocchia di Nostra Signora del Perpetuo Soccorso, di cui sono diventato il primo parroco. Ecco, dopo 4 anni, ho deposto questa alba e l ho consegnta a don Mattia Bezze, cosí entrambi abbiamo iniziato un nuovo percorso, una nuova strada.

Sono stato orgoglioso di lavorare in questa diocesi cosí giovane (ha appena 9 anni) ed in una parrocchia ancora piú giovane (4 anni). Ad un sacerdote italiano fideidonum viene chiesto di offrire la sua ricchezza ad una chiesa straniera, per poi riportare altre nuove ricchezze alla Chiesa dalla quale proviene. Ho ricevuto molte ricchezze di fede, costumi, tradizioni, dalla Chiesa ecuatoriana. Ora mi viene chiesto di portarli in Italia, nella diocesi di Padova, per arricchire la mia terra, la mia gente, la mia futura parrocchia, per darle nuova vitalità, nuovo slancio, nuova energia, dal momento che la fede in Italia sta attraversando tempi di crisi.

Sono arrivato in Ecuador all’età di 40 anni e lo lascio all’età di 51. Sono cresciuto, sono maturato, anche se porto con me alcune caratteristiche del bambino birichino o del Piter Pan, come alcuni dicono. Peró sono felice: felice per il dono della fede ricevuta dalla mia famiglia e dalla chiesa di Padova, felice perché questa fede è stata arricchita e rafforzata da tanti amici e fratelli che ho incontrato in Ecuador. Sono felice di essere sacerdote: qui ho sperimentato la bellezza di essere prete, spero di continuare a sperimentarlo anche in italia, forse non sará cosí. Cristo sempre ci invita a seminare, in qualsiasi forma, in ogni situazione, anche quando non si vedono subito i frutti della nostra fatica. In Ecuador ha avuto la fortuna di seminare poco e raccogliere molto, perché ho incontrato una terra buona, un terreno fertile, una terra santa. L`Ecuador è una terra meravigliosa. In questo viaggio sono arrivato davvero alla fine del mondo. Ho toccato le città di Ibarra, Quito, Papallacta, Tena, Coca (da qui terminano le strade e si inizia a navigare per il fiume Napo), Tiputini, Nuevo Rocafuerte (si passa dall Ecuador al Perú), Cabo Pantoja, Santa Clotilde, Iquitos (qui il fiume Napo si riversa nel Rio delle Amazzoni), Pebas, Santa Rosa (ultimo villaggio del Perù), Leticia (Colombia) e (entrando in Brasile) Tabatinga, São Paulo de Olivença, Tefé, Coarí, Manacupuru, Manaus. Pochi giorni prima della Pentecoste sono arrivato nella capitale dell Amazzonia, Manaus, dove don Ruggero ha donato la sua vita. Io ho pregato in questo luogo: ho dato gloria a Dio per la sua vita e la sua offerta, ho ringraziato Dio per la mia vita, la mia missione, per coloro che in questi anni sono sempre stati accanto a me, ho affidato la parrocchia del Perpetuo Soccorso, la Chiesa di San Jacinto, dell’Ecuador, dell’Italia, di Padova, la mia futura (e ancora sconosciuta) comunità parrocchiale, per tutta la Chiesa e per tutti i missionari. Dio è grande e possiamo fidarci di Lui, sebbene non comprendiamo tutti i suoi piani. Ho sentito che il sangue di don Ruggero è lo stesso fuoco della Pentecoste che deve invadere la mia vita per darmi ancora forza per la mia nuova missione. Il sangue dei martiri è la linfa dello Spirito Santo che nutre e rafforza tutta la Chiesa.

Vi saluto, cari amici. Non dimentichiamoci mai l’uno dell’altro, peró quando siamo davanti al tabernacolo alla presenza di Gesù, siamo sempre uniti in un solo Corpo, nel suo Corpo.

A voi amici ecuatoriani vi aspetto in Italia. Per voi non sará affatto facile venire a trovarmi. Ma le porte della mia casa sono aperte. Sentitevi a casa, come io ho spesso approfittato della vostra ospitalità e generosità.

Se Dio vuole, proprio domani 31 maggio, accompagnato dalla Vergine Maria che ha affrontato un lungo e scomodo viaggio per visitare e servire la cugina Elisabetta, io termineró il mio viaggio per mettere piede in Italia (alle 1740 all aeroporto di Venezia) e iniziare una nuova vita. Non sono piú lo stesso Giampaolo che é partito dieci anni fa, perché ho tanta ricchezza accumulata e tanto calore nel cuore. Dio vi ricompensi per tutto quanto ho ricevuto da tutti voi.

Uniti in Cristo, Padre Juan Pablo Assiso

o (finalmente) don Giampaolo

giampya@libero.it

www.quitoccoilcielo.com

Facebook: Juan Pablo Assiso

+8 Pacaraima

Alle 4 di mattina ci siamo alzati per aiutare a distribuire il caffè fraterno a mille venezuelani. Oggi ci aspettano 400 km di viaggio per ritornare da Pacaraima a Caracaraí. Quindi decidiamo di congedarci da padre Jesús, ma ci chiede se prima vogliamo vedere l’alloggio dei rifugiati. Non é un’ iniziativa sostenuta dalla parrocchia (non ne avrebbe le forze), ma da alcune fondazioni governative e non. C’è però un limite: non é accessibile a tutti i venezuelani, ma solo a quelli che abitano nella foresta, cioè gli indigeni. Padre Jesús mi manifesta il suo disappunto, perché ritiene che i venezuelani che vengono dalle province lontane sono molti più stanchi e bisognosi. Ma lui non può cambiare questa decisione politica. Oltretutto alcuni indigeni gli hanno confidato: Prima noi vivevano nell’inferno (la foresta), ora siamo in Paradiso (l’alloggio dei rifugiati), perché non facciamo nulla e riceviamo tutto!
Padre Jesús e la parroquia hanno trovato però il modo di aiutare anche gli indigeni. Non essendo stata ancora prevista l’istruzione per i bambini, ogni mattina i bambini vengono accompagnati da alcune maestre nei locali della parrocchia per fare un po’ di scuola, un po’ in spagnolo, un po’ in portoghese. I bambini saranno segnati per tutta la vita da questa esperienza, nel male e nel bene, perché soffrono ma anche imparano molto. Però è giusto che succeda questo?

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+8 Pacaraima

A las 4 a. M. Nos levantamos para ayudar a distribuir café fraterno a mil venezolanos. Hoy tenemos 400 km de recorrido para regresar de Pacaraima a Caracaraí. Entonces decidimos despedirnos del Padre Jesús, pero él nos pregunta si queremos ver a los refugiados primero. No es una iniciativa apoyada por la parroquia (no tendría la fuerza), sino por algunas fundaciones gubernamentales y no. Pero hay un límite: no es accesible para todos los venezolanos, sino solo para aquellos que viven en el bosque, es decir, los nativos. El padre Jesús me muestra su desilusión, porque cree que los venezolanos que vienen de las provincias lejanas están mucho más cansados ​​y necesitados. Pero él no puede cambiar esta decisión política. Sobre todo, algunos nativos le han dicho: Primero vivimos en el infierno (el bosque), ahora estamos en el paraíso (la vivienda del refugio), ¡porque no hacemos nada y recibimos todo!
El padre Jesús y la parroquia también han encontrado la manera de ayudar a los nativos. Dado que la educación de los niños aún no se ha planificado, todas las mañanas los niños son acompañados por algunos maestros en las instalaciones de la parroquia para hacer un poco de escuela, un poco en español, un poco en portugués. Los niños serán marcados de por vida por esta experiencia, en el mal y en el bien, porque sufren pero también aprenden mucho. ¿Pero es correcto que esto suceda?

Gli amici missionari mi consigliano, oltre che visitare Boavista, di approfittare per conoscere anche quello che sta capitando al confine tra Brasile ed Amazzonia: conosciamo tutti come il presidente Maduro sta distruggendo questo paese e costringe i venezuelani che fanno letteralmente la fame a cercare cibo all’estero. Ho già conosciuto ed aiutato venezuelani emigrati a Durán in Ecuador, altri a Lima e a Iquitos in Perú. Ma non sono comparabili con la situazione di frontiera vista qui a Pacaraima.
Saremo ospitati dal parroco padre Jesús, di nazionalità spagnola, diocesano di Roraima, prete conosciuto da don Lucio e don Benedetto.
Al nostro arrivo in bus (viaggio assieme a Raúl, ingegnere torinese missionario in Africa, che si trova in Sudamerica per lavoro e vacanza), padre Jesús ci offre un caffè di benvenuto e poi ci porta a pranzo. Intanto ci illustra tutta questa realtà di frontiera. Cito le sue parole e la sua testimonianza:
Ogni giorno prepariamo mille colazioni per i venezuelani che passano da qui. Stiamo costruendo anche degli alloggi per le emergenze. Ogni domenica celebro una mesa in spagnolo per i venezuelani, e la chiesa di riempie.
La gente in Venezuela muore di fame, per questo attraversa il confine. Vengono da tutte le province del Venezuela. Non trovano da mangiare, e se c’è costa tantissimo che non riescono a comprare.
Io sono nato in Marocco, quando metà del Marocco apparteneva alla Spagna. Sono ingegnere e sono arrivato in Amazzonia per lavoro, poi sono entrato nel seminario di Manaus e diventato prete della diocesi di Roraima. Sono stato per 9 anni anche predecessore di voi padovani, come parroco di Caracaraí, che ha un territorio inmenso. Fui il pioniere della evangelizzazione riberiña in quella zona, in cui prima di me nessuno andava. Dopo di me sono arrivati dieci missionari brasiliani, ma in dieci hanno faticato a fare quello che facevo io da solo.
Ora sono a Pacaraima da nove anni, però sono molto provato da questo eccezionale flusso di migranti. Sono stressato. Ogni mattina mi sveglio alle 4am per preparare il caffè fraterno, per controllare che ci siano i volontari che lo preparano e gli alimenti sufficienti.
Sono la persona più odiata del paese, perché aiuto i migranti. Qui c’è una terribile xenofobia, la gente è stanca per la situazione. Ci sono molti furti, ci sono stati dodici omicidi in quasi due anni, e sono tanti in un piccolo paese di duemila abitanti.
Però questi emigranti venezuelani non hanno nulla, ed io come sacerdote, Cristiano, uomo e loro fratello, non posso ignorarli! Come parrocchia facciamo (solo) questo: prepariamo ed offriamo mille frugali colazioni al giorno. É una sfida impegnativa, massacrante, perché lo preparariamo tutte le mattine, da più di un anno, senza sosta. Però molti venezuelani mi dicono che per loro in molte giornate questo è l’unico pasto assicurato.
Ogni mattina mi aiutano quindici volontari: alle 4am arrivano per scaldare latte e caffè, alle 5am si apre la porta, dalle 545 alle 615 arrivano tantissime persone, e le si serve senza sosta, alle 7 quando finiscono pane e caffelatte si chiude la porta.
Non ci sono altre organizzazioni umanitarie che aiutino, né chiese protestanti che offrano il pranzo o la cena. Qui a Pacaraima ci sono circa quaranta chiese evangeliche diverse, ma nessuna collabora o aiuta i migranti. Non ricevo nulla dal governo, né dal municipio. Latte, frutta e pane me li offrono l’esercito. Altri alimenti li ricevo stranamente dai Mormoni. Ma non parlatemi di organizzazioni governative. Questi alimenti arrivano dall’ONU, che consegna soldi all’esercito per comprare alimenti per essere distribuiti. C’è sempre corruzione, arriva il 60% o 40% di quello che viene consegnato. Abbiamo preparato anche borse con alimenti solo per emergenze, in una settimana ne diamo 700. Ogni borsa vale circa 25 reais, cioè 7 euro.
Però ho 77 anni ed ho chiesto al vescovo di andare in pensione, perché ne ho diritto. Lui invece mi ha augurato tanta salute e mi ha chiesto di rimanere ancora un po’, anche per questa situazione di emergenza che evidentemente gestisco bene, per quanto possibile. In luglio comunque arriveranno due sacerdoti ad aiutarmi, un brasiliano ed un messicano, giacché è necessario conoscere le due lingue in questo territorio di frontiera.
In questo momento bussano alla porta e padre Jesús si avvicina: sono le 1215. Una giovane coppia con un bambino chiede qualcosa da mangiare. Vengono da Barquisimeto, sono in viaggio da tre giorni. Al marito era stato promesso un lavoro però, quando è arrivato, il suo posto era già stato occupato. Il sacerdote consegna loro una sporta di alimenti. Mi chiedono se conosco qualche impresa che ha bisogno di lavoratori, ma dico che non sono di qui.
In Venezuela non c’è lavoro. Qui al di là del confine un lavoratore viene pagato per 8 ore di lavoro 10 reais, cioè 3 dollari! Sí, c’è lavoro, ma questo è sfruttamento.
Ci sono venezuelani papà che istruiscono le figlie alla prostituzione, indicando bene che chiedano esattamente tanti soldi per i vari tipi di servizio che le chiedono.
Dopo questo colloquio ed il pranzo con il parroco, nel pomeriggio con un taxi andiamo in Venezuela, nella prima piccola cittadina di Santa Helena de Uiarén.
Andiamo per visitare la bella Cattedrale e per tastare il clima. In cattedrale ci sono le confessioni dei Cresimandi con due preti. Mentre mostro il mio carnet sacerdotale, mi offro per aiutarli a confessare, in cambio di una breve chiacchierata. Il sacerdote accetta, dicendo che ne sarà felice anche il vescovo, che é l’altro confessore. Così dopo un’ora di confessioni, davanti a un buon caffè, rispondono alle mie domande sulla realtà territoriale e sulla difficile situazione di oggi.
La piccola diocesi di Santa Helena ha solo quattro preti, però ha sei vastissime parrocchie, tre delle quali completamente indigene e raggiungibili solo in aeroplano. Fino a un anno fa, prima di cominciare l’iniziativa del caffè fraterno per gli emigranti venezuelani, anche padre Jesús dedicava tre giorni al mese per celebrare la messa in una delle tre. A detta di lui, era un vero Paradiso, completamente immerso nella natura, in più la gente era molto carina ed affezionata. Ha molta nostalgia di quel posto.
Dopo il caffè, siamo preoccupati per il taxi di ritorno, ma il vescovo dice che ci riaccompagna volentieri lui in Brasile, così potrà salutare il padre Jesús. Durante il viaggio, mi prega di informare il vescovo di Padova che ha bisogno di sacerdoti per la sua diocesi. Sarà almeno il settimo vescovo, incontrato durante il mio viaggio, che mi fa questa stessa richiesta.
Il mattino successivo, Raul ed io promettiamo al padre Jesús di collaborare per la distribuzione del caffè fraterno. Già alle 4am ci svegliano le donne, volontarie venezuelane, che preparano il caffelatte nei pentoloni. Alle 4h40 arriviamo anche noi a disposizione assieme ai quindici volontari venezuelani (nessun cattolico della parrocchia aiuta il sacerdote in questo servizio, appoggiato dai vescovi e apprezzato da radio, televisioni, giornali). Alle 5 in punto si aprono le porte di un salone dove ci sono 5 grandi tavoli per un totale di cento posti a sedere. Entrano persone che certamente non hanno dormito in un letto durante la notte. Si siedono, bevono in circa cinque minuti il caffelatte con un pane, portano la tazza sporca al lavabo ed escono, liberando il posto per il successivo ospite. Mentre alle 5 entrano quasi singolarmente, alle 6 il salone é pieno e fuori c’è la coda. Noi servitori dobbiamo essere molto veloci: appena uno libera il posto, mettere il piatto e la scodella di plastica, versare il caffelatte e mettere il pane. Dalle 6 il ritmo é così sostenuto che quando arrivo con piatto e scodella, già una persona é seduta in attesa. Quasi nessuno parla, solo dicono Buenos días e Gracias. Poche parole scambiate tra loro e sottovoce. Sono tutti distrutti da vari giorni di cammino in Venezuela per arrivare al confine. Ed ora sono senza casa, senza lavoro, senza mangiare, senza conoscenti, senza amici e mal visti.
Ti si stringe il cuore quando, assieme agli adulti, entrano i bambini. Ci sono piccoli tavolini, seggioline e scodelline proprio per loro. Molti sono scalzi. Anch’essi si siedono e mangiano in silenzio. Chiedo di fotografarli, faccio il burlone, sorridono un po’: però li aspetta una giornata dura coi loro genitori, alla ricerca di lavoro, alimenti, casa.
Alle 6h40 finisce il pane, dopo dieci minuti anche il caffelatte. Si chiude la porta, qualcuno resta fuori. Si é fatto quello che era possibile: solo mille panini, solo mille scodelle di caffelatte offerti in quasi due ore. Ogni mattina, cominciando a scaldare pentoloni dalle 4h fino alle 7h. Ogni mattina da più di un anno. Padre Jesús ha 77 anni ed è stanco, preoccupato ogni giorno che non manchino latte pane e caffè, per garantire una piccola colazione a chi in quel momento non ha nulla.

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+8 Pacaraima, frontera Brasil-Venezuela

Los amigos misioneros me aconsejan, además de visitar Boavista, aprovechar lo que está sucediendo en la frontera entre Brasil y el Amazonas: todos sabemos cómo el presidente Maduro está destruyendo este país y obliga a los venezolanos que están literalmente hambrientos a buscar comida en ‘en el extranjero. Ya he conocido y ayudado a venezolanos que han emigrado a Durán en Ecuador, a otros en Lima e Iquitos en Perú. Pero no son comparables con la situación fronteriza que se ve aquí en Pacaraima.
Nos recibirá el párroco, el padre Jesús, de nacionalidad española, diocesano de Roraima, un sacerdote conocido por Don Lucio y Don Benedetto.
A nuestra llegada en autobús (viajo junto con Raúl, un ingeniero misionero con sede en Turín en África, que está en Sudamérica por trabajo y vacaciones), el Padre Jesús nos ofrece un café de bienvenida y luego nos lleva a almorzar. Mientras tanto, él nos muestra toda esta realidad fronteriza. Cito sus palabras y su testimonio:
Todos los días preparamos mil desayunos para los venezolanos que pasan por aquí. También estamos construyendo viviendas de emergencia. Todos los domingos celebro una mesa en español para los venezolanos, y la iglesia se llena.
La gente en Venezuela está muriendo de hambre, así que cruza la frontera. Vienen de todas las provincias de Venezuela. No encuentran nada para comer, y si cuesta tanto no pueden comprar.
Nací en Marruecos, cuando la mitad de Marruecos pertenecía a España. Soy ingeniero y llegué a Amazonia para trabajar, luego entré al seminario de Manaos y me hice sacerdote de la diócesis de Roraima. Durante 9 años también fui el predecesor de usted Padua, como párroco de Caracaraí, que tiene un territorio inmenso. Fui el pionero de la evangelización rebelde en esa área, donde nadie fue antes que yo. Diez misioneros brasileños llegaron después de mí, pero en diez lucharon para hacer lo que yo hice solo.
Ahora he estado en Pacaraima durante los últimos nueve años, pero tengo mucha experiencia con este flujo excepcional de migrantes. Estoy estresado Todas las mañanas me levanto a las 4 de la mañana para preparar un café fraterno, para verificar que haya voluntarios que lo preparen y suficiente comida.
Soy la persona más odiada en el país porque ayudo a los inmigrantes. Aquí hay una xenofobia terrible, la gente está cansada de la situación. Hay muchos robos, ha habido doce asesinatos en casi dos años, y hay muchos en un pequeño país de dos mil habitantes.
Pero estos emigrantes venezolanos no tienen nada, y yo, como sacerdote, cristiano, hombre y hermano, ¡no puedo ignorarlos! Como parroquia nosotros (solo) hacemos esto: preparamos y ofrecemos mil desayunos frugal al día. Es un desafío desafiante y agotador, porque lo hemos estado preparando todas las mañanas durante más de un año, sin parar. Pero muchos venezolanos me dicen que para ellos en muchos días esta es la única comida garantizada.
Todas las mañanas, quince voluntarios me ayudan: a las 4 a.m. llegan a calentar leche y café, a las 5 a.m. se abre la puerta, de 545 a 615 llega mucha gente y se sirve sin interrupción, a las 7 en punto cuando el pan y el café están cerrados la puerta se cierra.
No hay otras organizaciones humanitarias para ayudar, ni iglesias protestantes que ofrecen almuerzos o cenas. Aquí en Pacaraima hay alrededor de cuarenta iglesias evangélicas diferentes, pero ninguna colabora ni ayuda a los migrantes. No recibo nada del gobierno, ni del ayuntamiento. El ejército me ofrece leche, fruta y pan. Otros alimentos que recibo extrañamente de los mormones. Pero no me hable de las organizaciones gubernamentales. Estos alimentos provienen de la ONU, que entrega dinero al ejército para comprar alimentos para su distribución. Siempre hay corrupción, llega el 60% o 40% de lo que se entrega. También hemos preparado bolsas con alimentos solo para emergencias, en una semana damos 700. Cada bolsa vale aproximadamente 25 reales, es decir, 7 euros.
Pero tengo 77 años y le pedí al obispo que se retirara, porque tengo el derecho. Él, sin embargo, me deseó tanta salud y me pidió que me quedara un poco más, incluso para esta situación de emergencia que obviamente manejo bien, en la medida de lo posible. En julio, sin embargo, vendrán dos sacerdotes para ayudarme, un brasileño y un mexicano, ya que es necesario conocer los dos idiomas en este territorio fronterizo.
En este momento llaman a la puerta y el padre Jesús se acerca: es 1215. Una joven pareja con un niño pide algo para comer. Vienen de Barquisimeto, he estado viajando durante tres días. A su marido le habían prometido un trabajo, pero cuando llegó, su lugar ya estaba ocupado. El sacerdote les da una canasta de comida. Me preguntan si conozco alguna compañía que necesita trabajadores, pero les digo que no soy de aquí.
No hay trabajo en Venezuela Aquí, más allá de la frontera, un trabajador recibe 8 horas de trabajo por 10 reales, es decir 3 dólares. Sí, hay trabajo, pero esto es explotación.
Hay papás venezolanos que instruyen a sus hijas a prostituirse, lo que indica que piden tanto dinero por los diversos tipos de servicio que piden.
Luego de esta conversación y almuerzo con el párroco, por la tarde con un taxi iremos a Venezuela, en el primer pueblo pequeño de Santa Helena de Uiarén.
Vamos a visitar la hermosa Catedral y a sentir el clima. En la catedral están las confesiones de los Cresimandi con dos sacerdotes. Mientras le muestro mi libro sacerdotal, me ofrezco para ayudarlos a confesar, a cambio de una breve charla. El sacerdote acepta, diciendo que el obispo, que es el otro confesor, también será feliz. Entonces, después de una hora de confesiones, frente a un buen café, responden a mis preguntas sobre la realidad territorial y la difícil situación de hoy.
La pequeña diócesis de Santa Helena tiene solo cuatro sacerdotes, pero tiene seis parroquias muy grandes, tres de las cuales son completamente indígenas y solo se puede llegar por avión. Hasta hace un año, antes de iniciar la iniciativa del café fraterno para los emigrantes venezolanos, el padre Jesús también dedicó tres días al mes a celebrar la misa en uno de los tres. Según él, era un verdadero paraíso, completamente inmerso en la naturaleza, además de que la gente era muy agradable y afectuosa. Él tiene mucha nostalgia por ese lugar.
Después del café, nos preocupa el taxi de regreso, pero el obispo dice que nos acompaña de buen grado de regreso a Brasil, para que pueda saludar a su padre Jesús. Durante el viaje, informe al obispo de Padua que necesita sacerdotes para su diócesis. Será al menos el séptimo obispo, conocido durante mi viaje, que me hace la misma petición.
A la mañana siguiente, Raúl y yo le prometemos a nuestro padre Jesús que colabore en la distribución del café fraterno. Ya a las 4 am despertamos a las mujeres, voluntarias venezolanas, que preparan el caffelatte en las ollas. A las 4h40 también llegamos a la disposición junto con los quince voluntarios venezolanos (ninguna parroquia católica ayuda al sacerdote en este servicio, apoyada por los obispos y apreciada por la radio, la televisión, los periódicos). A las 5 en punto abra las puertas de una sala de estar donde hay 5 mesas grandes para un total de cien asientos. Ingrese personas que ciertamente no duermen en la cama por la noche. Se sientan, beben el café con pan en unos cinco minutos, llevan la taza sucia al fregadero y salen, liberando el lugar para el próximo invitado. Mientras que a las 5 en punto entran casi singularmente, a las 6 en punto el salón está lleno y afuera está la cola. Los sirvientes debemos ser muy rápidos: tan pronto como uno libere el lugar, coloque el plato y el recipiente de plástico, vierta el café y coloque el pan. Desde las 6 am, el ritmo es tan fuerte que cuando llego con un plato y un cuenco, una persona ya está esperando. Casi nadie habla, solo dice Buenos días y Gracias. Algunas palabras intercambiadas entre ellos y en un susurro. Todos ellos son destruidos por varios días de caminata en Venezuela para llegar a la frontera. Y ahora estoy sin hogar, sin trabajo, sin comer, sin conocidos, sin amigos y mal visto.
Su corazón se tensa cuando los niños entran junto con los adultos. Hay pequeñas mesas, sillas y cuencos solo para ellos. Muchos están descalzos. Ellos también se sientan y comen en silencio. Pido fotografiarlos, soy bromista, ellos sonríen un poco: pero esperan un día duro con sus padres, en busca de trabajo, comida, hogar.
A las 6h40 el pan termina, después de diez minutos también el caffelatte. Cierras la puerta, alguien se queda fuera. Se hizo lo que era posible: solo mil panecillos, solo mil tazas de caffelatte ofrecidas en casi dos horas. Todas las mañanas, comenzando a calentar ollas de 4h a 7h. Cada mañana por más de un año. El padre Jesús tiene 77 años y está cansado, preocupado cada día por la falta de leche, pan y café, para garantizar un pequeño desayuno a los que en ese momento no tienen nada.

Dopo aver soggiornato a Manaus presso i preti di Treviso, ora cambio diocesi e provincia e passo in Roraima, dai preti di Padova, che da circa due anni si sono trasferiti in questa nuova terra di missione, dopo 35 anni vissuti nella Baixada Fluminense, nello stato di Río de Janeiro.
La comunità missionaria é formata da tre sacerdoti (Giuseppe Cavallini, assente perché studente di portoghese a Brasilia, Benedetto e Lucio Nicoletto). momentaneamente sono presenti due laici: Fabiano di Montegrotto e Raul di Torino.
A settembre, a Dio piacendo, si smantella la missione di Río e forse si rinforza questa: arrivano quindi don Luigi Turato e don Orazio Zecchin, mentre don Matteo Fornasiero e don Lucio Nicoletto tornano nella diocesi di Padova.
Nella diocesi di Roraima è stata loro affidata la parrocchia di Caracaraí, 20 mila abitanti in un territorio che é un terzo dell’Italia.
Avrà bisogno di così tante forze questa missione?
Per molti anni ci hanno lavorato i padri della Consolata, poi sono subentrate alle presenze, un prete spagnolo, poi preti brasiliani.
La vastità del territorio non ha per niente favorito una buona evangelizzazione.
La sfida è curare una triplice pastorale: urbana, rurale e fluviale (qui si dice Riberiña, ovvero della riva del fiume), mentre la pastorale indigena nelle zone più interne continuano a curarla ancora i padri della Consolata.
Se Dio vuole, saranno presenti quattro preti, così in alcuni anni si potrà rifondare una pastorale, in cui però non tutto sarà demandato ai preti, ma dove i laici locali avranno grandi responsabilità nella pastorale, cosicché sé un giorno i sacerdoti missionari mancheranno, i laici potranno continuare l’evangelizzazione ed il cammino di fede.

A propósito di indigeni, sorprende venire a conoscenza che molti di loro, non solo emigrano in città, ma vogliono abbandonare, dimenticare, si vergognano della loro cultura.
Tutto é nato casualmente da una visita in un negozio di splendidi oggetti indigeni. l’amico missionario Raul aveva criticato la venditrice per vendere cappelli di paglia «made in China». La venditrice ci spiegò che non solo quelli, ma purtroppo molti altri oggetti non venivano prodotti dagli indigeni, pur essendo prodotti artigianali. Raccontava che lei stessa, cittadina di Manaus, aveva imparato a costruire molti oggetti, perché gli indigeni della zona attorno a Boavista si rifiutano di lavorare.
Purtroppo l’emigrazione interna è molto forte: dalle zone povere, dalle campagne, dalle rive dei fiumi, dalla foresta, la gente emigra alla città, dove ci sono scuole, università, ospedali, supermercati, e forse lavoro. E nella città purtroppo ci si adatta: non é così facile trovare lavoro, così molta gente va per le strade, aspetta, si stende sull’amaca, bighellona, beve e si ubriaca.
Quanto invece alla pastorale fluviale (riberiña), don Benedetto mi informa che vi si dedicano quattro volte all’anno, facendo un viaggio di 20 giorni per volta con il barcone della parrocchia e visitando le circa 15 comunità che si trovano lungo le rive del Rio Branco. Partirà per il viaggio proprio domenica notte, la stessa notte in cui io lascerò dopo 40 giorni l’Amazzonia. Sarebbe stato un bellissimo viaggio, ma non si può far tutto, per quest’anno devo accontentarmi di quaranta giorni sui fiumi. Per arrivare alle prime comunità fluviali si impiegano circa due giorni di barca. L’equipe é composta da tre marinai dell’equipaggio (meccanico, timoniere ed ausiliario), 8 missionari, tra cui un prete e una suora, e 5 professoresse di Boavista. Si va per conoscere ed iniziare a evangelizzare: il proposito é far conoscere Cristo, attraverso alcune catechesi, e secondo le richieste ed i casi, preparare ed amministrare alcuni sacramenti. Tutti possiedono un’amaca per dormire nella barca, nel poco spazio disponibile. Non sarà normale nel resto del mondo, ma sulla mia pelle ho esperimentato che dormire sull’amaca é assolutamente normale in tutta l’Amazzonia!

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+7 Caracaraí y Boavista: Otra provincia, otra diócesis, otra misión.

Después de haber estado en Manaos con los sacerdotes de Treviso, ahora cambiando la diócesis y la provincia y pasando en Roraima, por los sacerdotes de Padua, que durante aproximadamente dos años se han mudado a esta nueva tierra de misión, después de 35 años viviendo en la Baixada Fluminense, estado de Rio de Janeiro.
La comunidad misionera está compuesta por tres sacerdotes (Giuseppe Cavallini, ausente porque es estudiante portugués en Brasilia, Benedetto y Lucio Nicoletto). momentáneamente hay dos laicos: Fabiano di Montegrotto y Raul di Torino.
En septiembre, si Dios quiere, desmantela la misión de Río y tal vez refuerza esto: luego vienen Don Luigi Turato y Don Orazio Zecchin, mientras que Don Matteo Fornasiero y Don Lucio Nicoletto regresan a la diócesis de Padua.
En la diócesis de Roraima les fue confiada la parroquia de Caracaraí, 20 mil habitantes en un territorio que es un tercio de Italia.
¿Necesitará esta misión tantas fuerzas?
Durante muchos años, los padres de la Consolata trabajaron allí, y luego se hicieron cargo de las presencias, un sacerdote español y luego sacerdotes brasileños.
La vastedad del territorio no ha favorecido en absoluto una buena evangelización.
El desafío es curar una triple pastoral: urbana, rural y fluvial (aquí decimos Riberiña, o la ribera del río), mientras que la pastoral indígena en las áreas interiores continúa tratando nuevamente a los padres de la Consolata.
Si Dios quiere, habrá cuatro sacerdotes, por lo que en algunos años será posible restablecer un cuidado pastoral, en el que no todos serán confiados a los sacerdotes, pero donde los laicos locales tendrán una gran responsabilidad en la pastoral, para que un día los misioneros se pierdan el los laicos podrán continuar la evangelización y el camino de la fe.

Como resultado de los pueblos indígenas, es sorprendente saber que muchos de ellos, no solo emigran a la ciudad, sino que quieren abandonar, olvidar, avergonzarse de su cultura.
Todo nació por casualidad a partir de una visita a una tienda de bellos objetos nativos. su amigo misionero Raúl había criticado al vendedor por vender sombreros de paja “hechos en China”. El vendedor nos explicó que no solo eso, sino que lamentablemente muchos otros objetos no fueron producidos por los nativos, incluso si fueran productos hechos a mano. Ella contó cómo ella misma, una pequeña ciudad en Manaus, había aprendido a construir muchos objetos, porque los nativos del área alrededor de Boavista se niegan a trabajar. Desafortunadamente, la emigración interna es muy fuerte: desde las áreas pobres, desde el campo, desde las orillas de los ríos, desde el bosque, la gente emigra a la ciudad, donde hay escuelas, universidades, hospitales, supermercados y tal vez trabajo. Y en la ciudad, desafortunadamente, cabe: no es tan fácil encontrar trabajo, mucha gente sale a la calle, espera, se acuesta en la hamaca, juega, bebe y se emborracha.
En cuanto a la pastoral fluvial (riberiña), Don Benedetto me informa que se dedican cuatro veces al año, haciendo un viaje de 20 días a la vez con la barcaza parroquial y visitando las aproximadamente 15 comunidades que se encuentran a lo largo de las orillas del Río. Branco. Él se irá para el viaje el domingo por la noche, la misma noche que salgo del Amazonas después de 40 días. Hubiera sido un viaje hermoso, pero no se puede hacer todo, porque este año tengo que conformarme con cuarenta días en los ríos. Para llegar a las primeras comunidades fluviales, se tardan unos dos días en barco. El equipo consta de tres miembros de la tripulación (mecánico, timonel y auxiliar), 8 misioneros, incluyendo un sacerdote y una monja, y 5 profesores de Boavista. Uno va a conocer y comenzar a evangelizar: el propósito es hacer conocer a Cristo a través de algunas catequesis, y de acuerdo con las solicitudes y los casos, para preparar y administrar algunos sacramentos. Todos tienen una hamaca para dormir en el bote, en el espacio limitado disponible. No será normal en el resto del mundo, pero en mi piel he experimentado que dormir en la hamaca es absolutamente normal en todo el Amazonas.

+2 Manaus

Visito, accompagnato da Mirco, il centro della cittá di Manaus: il Seminario Maggiore, il Teatro, la Cattedrale, il mercato del pesce, dove pranziamo e mangiamo unottimo pesce.

Visita, acompañado por Mirco, el centro de la ciudad de Manaus: el Seminario Mayor, el Teatro, la Catedral, el mercado de pescado, donde almorzamos y comimos un gran pez.

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Sono arrivato nel luogo dove don Ruggero, sacerdote di Padova ed amico, ha donato la sua vita. Nel cuore ho tante emozioni, ma preferisco tacere ed ascoltare.

TESTIMONIANZE RACCOLTE A TEFÉ, A COARÍ E SOPRATTUTTO A MANAUS

1. Testimonianza di SUOR BARBARA, religiosa Polacca, in servizio a TEFÉ

Barbara Purgal, polacca di un paesino vicino a Cracovia, è una delle 4 religiose francescane missionarie di Maria, che hanno lavorato con don Ruggero. La incontro nel mio passaggio per la cittá di Tefé, a 3 giorni di barca da Manaus. Adesso lavora in un ufficio diocesano di questa piccola cittá fluviale, nell area di coordinamento pastorale. Raccolgo la sua testimonianza:
Assieme a don Ruggero, anche noi suore lavoravamo nell’area missionaria Cuore Immacolato di Maria, era l’ultima area urbana prima della zona rurale. Era quindi una zona periferica, molto povera. Sottolineo subito che lui voleva conoscere tutta la zona, e per questo spesso prendeva la sua moto e partiva. Con tanto fango e tante buche. Era infiatti difficile arrivare con un auto.
Padre Ruggero era grande missionario. Santa Etelvina, cosí si chiamava il quartiere nel quale c era la chiesa del Cuore Immacolato di Maria e vicina la casa parroquiale dove abitava con l’altro sacerdote ed il diacono, era una zona urbana, peró don Ruggero in particolare aveva preso la iniziativa di seguire anche parte della zona rurale, oltre la cittá, passando la barriera della polizia.
Lui organizzava le visite nella zona rurale, invitava noi suore ed altri volontari della area pastorale ad andarci con lui nei fine settimana, organizzando trasporti, pasti, contattando le famiglie dove potevamo dormire.
Ci aiutó molto a conoscere queste nuove realtà, molte nuove famiglie: non solo a conoscere, ma a stare lí assieme ai piú poveri.
Dopo la sua morte, anche se i preti e noi suore presto dovemmo cambiare parrocchia, i laici che andavano con lui e noi scelsero di continuare il suo sogno, continuarono ad evangelizzare questa zona di estrema periferia.
Padre Ruggero si fermava in queste case per alcune ore, soprattutto in occasione di anniversari, feste, per stare con loro, cantando, giocando, guardando film.
Non si sentiva inviato per lavorare con la gente, ma per stare con loro, animare.
Anche con noi suore veniva a mangiare, stare con noi, o ci invitava da lui per riunioni organizzative e poi preparava per tutti da mangiare.
Ruggero arrivó assieme a noi nell’area missionaria, e si fermò un anno e mezzo.
Lo visitavano vari sacerdoti italiani, era molto di compagnia, aveva con sé anche seminaristi per il fine settimana.
Quando lo uccisero, io ero in ferie in Polonia. Non sapevo niente.
Rimasi senza parole. Il suo corpo era ancora in Brasile, ma non lo si poteva vedere. Mi chiedevo: Perché? Perché viene ucciso un uomo che poteva fare moltissime cose? Quante persone ricordavano le sue visite! Per me, all’inizio fu un grande shock, e lo superai ritornando in quella lontana periferia, andando a trovare le sue amicizie. Ci davano forza.
Però rimane la mia domanda: perché. La farò a Dio quando morirò.
Un sacerdote aveva fondato una casa di recupero per tossicodipendenti, per lo meno era un tentativo: si chiamava Fazenda da Esperanza. Anche don Ruggero spesso lavorava lì.
Tolse vari giovani dalla droga, fu forse questo ad infastidire i signori della droga.
Qualche giorno prima della morte, Ruggero organizzó una camminata per la pace, con un gruppo non grande di giovani. Ormai don Ruggero conosceva le zone in cui si vende droga, in veritá moltissimi, quasi tutti li conoscono, anche la stessa polizia. Peró in quei giorni don Ruggero era diverso, sembrava che presentisse qualcosa. Un amico, in quella ultima settimana, gli chiese se poteva accompagnarlo, e gli rispose: Non è molto prudente oggi venire con me.
Anche padre Stefano fu minacciato. E se ne andó di corsa dell’Amazzonia.
Che cosa possiamo fare? Non puoi fare niente contro la droga!
Quel 19 settembre del 2009, alle 7 del mattino, padre Sandro del Pernambuco, si stava facendo la doccia, e il diacono Benevaldo lo trovò morto. Aveva cambiato la casa, l aveva allargata. Adesso sono ritornati in Pernambuco. Padre Sandro mi raccontó che i primi giorni dopo la morte faceva fatica a prendere sonno, finché un giorno sognó don Ruggero vestito di bianco, sorridente e felice, praticamente in paradiso. Gli chiese preoccupato: Ma, Ruggero, chi ti ha ucciso? forse uno dei giovani che tu hai aiutato? E lui risponde: Ma dai! Non ti preoccupare! A chi giova saperlo? A nessuno! E poi io ora sto benissimo! Era proprio il don Ruggero che tutti abbiamo conosciuto per rispondere così!

2. Testimonianza di PADRE ANDERSON PINTO REMELOS, 2 anni di sacerdozio, ora párroco di Japurá, diocesi di Tefé

Io nel 2008, quando ero seminarista nel seminario di Manaus. Ho conosciuto don Ruggero, perché destinato all’area missionaria Santa Elena, coi padri Ricardo e Lorenzo, e poi Stefano. Alla domenica veniva al pranzo anche don Ruggero e cosí si stava assieme.
Piú di una domenica fui anche alla casa di don Ruggero, perché si alternavano i pranzi. Gli piaceva stare assieme, stare in comunione.
Aveva un carattere calmo, con una spiritualità centrata, era per alcuni giovani un direttore spirituale. Giovedì e venerdì passava i pomeriggi in seminario, parlando e ascoltando i seminaristi.
Gli piaceva molto andare in moto, per partecipare a momenti importanti, anniversari, compleanni, feste.
Ho pianto quando ho saputo del suo assassinio. Molta gente di tutta Manaus partecipò al funerale, anzi lo vegliava, e fu anche a vederlo. Il funerale si celebró in un campo sportivo, perché non sarebbe stato possibile in nessuna chiesa. Tutti erano commossi e in pianto. Tutta la città era in lutto, perché era molto conosciuto. Anche tutti i sacerdoti lo stimavano.
Aveva la barba e la pancetta, era un po’ gordo. Gli piaceva mangiare. Grande uomo, integro, onesto.
Fu minacciato, anche assaltato. Il motivo della sua morte non è chiarissimo, ma sicuramente é in relazione con la droga.

3. Testimonianza di PADRE ANTONIO DE MELO, diocesi di Coarí

Ho lavorato a Manaus negli anni 2006-09.
Ero párroco a Santa Lucía, nel barrio Machínha. Don Ruggero lavorava nella città e nelle comunità, nelle strade, nelle comunità fuori.
la sua morte fu uno shock per tutti.
Lui si relazionava con tutti, era molto comunicativo.
Era molto conosciuto a Manaus, c’erano persone che portavano la camicia con la sua immagine dopo la sua morte.

4. Testimonianza di PADRE RUBSON VILLHENA, párroco dell área missionaria Santa Helena (dove per molti anni abitarono i preti diocesani di Treviso)

I lunedì i preti si incontravano per giocare fútbol e piscina. Ruggero c’era sempre. Io ero vice rettore del seminario e Ruggero mi aiutava. Lo avevo invitato a dare un ritiro ai seminaristi, ma non ne ha avuto il tempo, perché é morto. Don Ruggero era molto preoccupato della organizzazione pastorale dell’area missionaria.
Ho anche un ricordo personale: nel 2008 avevo fatto un incidente, nel quale una persona é morta per mia colpa. Peró dovetti rimanere in ospedale per lungo tempo. Ecco, Ruggero fu molto vicino alla famiglia, lo fece per me, giacché io stavo ancora male. Ruggero mi ha detto che lui stava vicino alla famiglia e non dovevo preoccuparmi.
Piú di una volta, in quanto ero più giovane di lui, Ruggero mi diceva, quasi per scherzo: Juicio (Giudizio!), come dire: Comportati bene!

5. VISITA DEI LUOGHI DI DON RUGGERO, Testimonianza di PATRICIA CABRAO, collaboratrice dell area missionaria, e di MIRCO FRANGO, ex volontario del Gruppone di Treviso, ora sposato a Manaus

In questo momento siamo nella cappella della casa dove vivono i sacerdoti guadalupani della area missionaria Immacolato cuore di Maria, nel barrio di Santa Etelvina. Padre Luis ci accoglie in casa e soprattutto in questa cappella, che é la stanza dove don Ruggero ha donato la sua vita.
Adesso, proprio in questa stanza trasformata in cappella con l Eucaristia, desidero ascoltare la testimonianza di Patricia, collaboratrice di don Ruggero e catechista dell area missionaria, che in quel momento aveva non le attuali 7, ma ben 24 comunità, il cui unico sacerdote era don Ruggero.

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Nel finale del 2007 –dice Patricia- don Ruggero arrivó qui da Pernambuco assieme a Padre Sandro, inviati dalle Chiese del Sud del Brasile per aiutare le chiese del Nord. Ruggero era tra questi. Il 15 gennaio del 2008 don Ruggero fu accolto in questa area missionaria con una messa di ingresso.
Prima di lui i missionari del Pime avevano lavorato per circa 20 anni in questo quartiere tra i più vecchi del Nord di Manaus. Da qui per arrivare al centro della città si doveva comunque passare per la selva, ora invece la città ha inglobato tutto.
Io ero al tempo catechista, con lui diventai ministra della Parola.
Io e Mirco abbiamo avuto un’amicizia diversa con don Ruggero, che per noi é stato amico, padre e papà.
Don Ruggero cominció a restaurare le pastorali, a sistemare le comunità, al tempo stesso visitava le comunità rurali che erano lontane, perché entrassero, fossero coinvolte nella vita pastorale.
Era vicino alle persone, alla loro vita. Se scopriva che alcune famiglie avevano delle difficoltà, li aiutava economica e spiritualmente.
ricordo che c’era una signora con problemi di salute, la portava dal medico, le comprava medicine.
Un’altra famiglia dove tutti erano disoccupati, li aiutó comprando dei prodotti, perché iniziassero un piccolo negozio.
Partecipava sempre alle feste, indipendentemente se lo invitavano o no. Anzi coi volontari le organizzava nella sua stessa casa, ovvero se erano incontri per organizzare la pastorale spesso finivano con una pastasciutta che lui stesso preparava.
Quando é morto, non mi lasciavano vederlo, perché non si poteva. L’ho visto solo in Medicina Legale, già posto nella bara. Osservai che il suo viso era pieno di sangue.
Nell incontro internazionale delle Comunità di base, nel giugno 2009, mi ricordo che ci andai assieme a don Ruggero. C’era un momento culturale, dedicato ai folclori locali, e lui si mescolò con le persone cantando e ballando.
Tutti gli anni organizziamo una camminata per la pace, il 19 settembre, nell’anniversario della sua morte. Sono passati 10 anni dalla sua morte, ed abbiamo organizzato 10 camminate.
Non sappiamo i veri motivi della sua morte, cosa é successo, nessuno dice il motivo. A mio parere qualcuno lo sa, deve sapere ma non lo dice. La Chiesa stessa deve saperlo, ma noi non lo sappiamo.
Non si poteva nemmeno parlare della morte di don Ruggero. Anche padre Stefano continuava a lottare per sapere di più, per conoscere. Cé stato anche un tentativo di infangare don Ruggero dopo la morte. Ma non è stato per rubare. É stato un problema di droga, perché forse lui era troppo in contatto con quel mondo e qualcuno lo ha ritenuto scomodo. Ma non si sa niente di più.
Prima di morire, un mese prima, avevano organizzato una camminata contro la droga. Ruggero, che era tra gli organizzatori, parló con suor Marcia Olivera, dicendo che nel quariere ci sono tanti punti vendita di droga e molti giovani morivano.
Purtroppo non c’è stata una perizia adeguata nel luogo dell’assassinio. Hanno raccolto il corpo velocemente e lo hanno portato via. Chi ha pulito il sangue nella stanza sono stati padre Lorenzo e padre Stefano, che era arrivato da appena tre mesi, nel giugno 2009.

6. Testimonianza di SUOR TERESINHA BARBOSA, della congregazione delle suore francescana missionarie di María (ci invita a pranzo)

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Don Ruggero é arrivato in gennaio 2008, io in luglio 2008: vivevamo vicini, nella stessa casa, ma divisa in due appartamenti, preti e suore. Insieme uscivamo per conoscere l’area missionaria, spesso eravamo in tre: lui, io e un seminarista.
Andavamo nella zona rurale, per le ramais: sono le strade laterali fangose, alle quali si entra dalla principale, cioè quelle dove vivono i più poveri. Andavamo assieme, pregando, incontrando.
Un bell’ aneddoto: gli piaceva stare assieme alla gente, per esempio lavorando la terra, cucinando, era molto aperto. Ricordo che lavoravamo in un terreno dove c’erano molte formiche, ma anche se pizzicavano, lui rimaneva lì.
Lui era un uomo di perdono. Però non di parola, ma perdono concreto. Essendo italiano lui era diretto, alle volte poteva ferire alcune persone. Una donna, che era in lutto, lo aveva chiamato per un malato, però non arrivó in tempo, il malato era morto e la donna era stizzita, non voleva perdonarlo. Lui molto umilmente le chiese perdono e lei si rappacificó.
Quando morí, sábado 19, fu molto duro. Il giorno precedente, venerdì, lo vidi preoccupato. Mi disse: molta gente sta entrando nella mia casa. Non capii cosa voleva dire, ma lui aveva questa percezione, che qualcuno lo cercava. Il venerdì passo per 4 volte nella nostra casa, sempre con vari pretesti, preoccupato, inquieto. Presentiva qualcosa. Disse: Domani é il compleanno di Stefano, andremo a mangiare assieme.
Però il fattaccio capitò alle 7. Mi chiamò padre Sandro. Due nostre suore lo videro nel letto.
per me la sua morte fu encomendada (incaricata da un potente), ma non sappiamo da chi. La sua ultima eucaristia fu nella nostra casa, il venerdí. Io, che viaggiavo con lui, vedevo che aiutava molti giovani nella droga, in difficoltá, dei quali non aveva paura, e affrontava tutti senza pensare le conseguenze. Per me Ruggero venerdì già sapeva qualcosa, ma non poteva o voleva comunicare.
La gente si ricorda di lui. Ogni anno c’è una camminata per ricordarlo. Organizzata dalla Chiesa, per la pace, però contro la droga. Secondo me, fu durante la prima camminata, che anche lui organizzó, e che fu molto partecipata da gente, giovani, persone, circa dieci giorni prima della sua morte, che qualcuno decise che lui doveva essere ucciso. Chi è stato incaricato di ucciderlo, non ha rubato nulla, è entrato solo per uccidere.
Quando andavamo nelle zone rurali, piene di fango, dove c erano le famiglie piú povere, ci diceva: andiamo ad accattivare le persone (a cautivar: in portoghese e spagnolo suona molto meglio), non preoccupiamoci della pastorale, prima andiamo nelle case. In quei quartieri piccoli, dove la gente si conosce tutta, la gente era molto divisa: lui cominciò ad unire, andando verso di loro.

7. Testimonianza di RAIMUNDA MATOS, della comunitá rurale di Sao Joao Bautista (ci offre succo di cupuaçu)

Padre Ruggero veniva qui nella mia casa molto spesso. Ci ha onorato particolarmente quando ha celebrato e poi in casa nostra ha partecipato alla festa dei 15 anni di mia figlia (una festa particolarmente sentita anche in Ecuador e penso in tutta America Latina). Don Ruggero non veniva solo a celebrare, ma condivideva, rimaneva qui. Non come altri preti che invece celebrano e fuggono.
Qui fu proprio lui che cominciò la costruzione della nostra Chiesa, dal nulla. Anzi c’era una chiesetta di legno, attorno a quella lui cominció a costruire la attuale Chiesa, dentro quella piccola di legno e fuori quella di mattoni, un po come la Porziuncola. Padre Sandro, dopo la sua morte, terminó la costruzione della Chiesa.

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Lui trovava sempre il tempo per le persone, non aveva fretta. Lui era presente nella vita delle persone.
Com’era possibile se aveva 5 comunità urbane, che erano come parrocchie? e altre 19 rurali, come questa? (dopo dieci anni il suo territorio pastorale si è ingrandito ed ora ci sono circa 60 comunitá urbane, ripartite in 3 aree missionarie).
Quando lui veniva qui, non faceva altre cose, non prendeva altri impegni, si dedicava a noi.
Durante il funerale, che fu celebrato in un campo sportivo, c’erano circa 3500 persone, e non erano venuti per curiositá: tutti avevano avuto un momento di relazione con padre Ruggero, non necessariamente lungo, ma importante, intenso, particolare.
Curiosità: nel suo zaino si portava la moka, per offrire in qualche famiglia, a sorpresa e se era il caso, il caffè italiano.
Nella mia casa, quando veniva, diceva: Cosa facciamo? E cucinava, scopava, tagliava verdura, lavava i piatti. Era in casa d’altri, ma si sentiva in casa.
Mia figlia Leandra aveva 15 anni e don Ruggero la chiamava Indigena. E la stimolava, la stressava, perché era timida, e la invitava a diventare catechista, ma lei sempre si tirava indietro. Oggi lei è catechista.
Don Ruggero dedicava il sabato come giorno di visita delle nostre comunità rurali lungo la strada BR 174, che portava al confine con il Venezuela. Talvolta veniva il venerdì sera e dormiva qui o in qualche altra famiglia, per condividere la vita. Preferiva andare in moto, perché c’era molto fango, e quando ripartiva era tutto infangato, ma diceva che subito si faceva la doccia ed era pronto per la messa vespertina. Per me e per molti era una persona indimenticabile.

8. Testimonianza dei PADRI JOSÉ E JOSEVALDO, originari dello stato di Bahía, sacerdoti fideidonum della diócesi di Feira de Santa Ana, collaborano in questa area pastorale della arcidiocesi di Manaus dal 2012 (ci offrono succo di abacaxi con menta)

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Io sono arrivato 3 anni dopo la sua morte. Qui la cittá è cresciuta moltissimo, allora il ricordo di lui si perde, mentre molto più le persone della zona rurale si ricordano di lui. Don Ruggero infatti ci andava molto spesso.
C’era la famiglia Carneiro, che perse un figlio, e mi hanno riferito che don Ruggero li aiutó in un momento di difficoltà. La gente ricorda la serenità con cui lui trattava tutti.
Adesso noi abbiamo ereditato un’area missionaria diversa, che é un terzo di quella di don Ruggero: ora a fine anno avremo un’area missionaria di 23 comunità, che è l area missionaria di San Joao XXIII (consta di 23 comunità urbane + le comunitá nella zona rurale vicino alla strada BR 174). Noi facciamo conto che in totale siano circa 110 mila abitanti. Per esempio, nelle sole due comunità Sagrada Familia e Santa Clara, dove vivono le suore francescane dove abbiamo appena pranzato, che si trovano nel quartiere Viver Melhor, vivono circa 55 mila persone.
Per riassumere, quando c’era don Ruggero le comunità in totale erano 24, e le tre aree missionarie erano un’unica area missionaria, chiamata Immacolato Cuore di Maria. Ora le aree missionarie sono diventate tre:
1. San Joao XXIII (la nostra, con 23 comunitá urbane + le circa 20 comunitá della zona rurale BR 174)
2. Santissimo Redentore (25 comunità)
3. Immacolato Cuore di Maria (7 comunità) Per la veritá, operare la divisione tra queste aree pastorali non é stato facile, perché mantenere le strutture é difficile.

9. Testimonianza di AUZEMIRA SANTOS, coordinatrice della comunitá Immacolato Cuore di Maria

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Questa é la chiesa dove don Ruggero celebrava ogni domenica, a dire il vero è una delle tante cappelle, ma è la più vicina alla canonica e poi essendo piú ampia vi celebrava ogni domenica.
I vari gruppi di pastorale (in particolare i catechisti) stavano entrando in crisi, così don Ruggero ha deciso di fare un incontro con tutti, catechisti e collaboratori. Don Ruggero ha visto che alcuni mancavano, e divenne triste per questo. Per rispetto ai presenti, tenne l’incontro dando messaggi positivi anche agli assenti. É riuscito a trasformare le persone ad andare avanti, anche se erano in un momento di difficoltà. Ha sentito le risonanze di tutti, per capire di ogni persona qual era il suo spirito, la sua disposizione e buona volontà. Io ero coordinatrice della comunità e sentii che ci aveva unito. Lui mi chiamava, mi telefonava, teneva i contatti, voleva sapere come la pensavo, la mia opinione, non voleva perdere la mia collaborazione. Io mi sentivo valorizzata, e come faceva con me lo faceva anche con altri. Lui ci credeva molto alla COMUNITÀ.
Nelle prediche diceva che era importante vedere cosa c’era di buono in ogni persona. Addirittura ricordo che lui ci insegnava ad avere rispetto di tutti, per esempio non criticare chi è passato di qua prima di lui, preti e seminaristi.

-1 Manaus

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<Detto questo, ascese al cielo sotto i loro occhi, ma un giorno ritornerá allo stesso modo>. Ieri ho festeggiato l’ascensione di Gesù nella Chiesa di Santa Monica, nella periferia nord di Manaus, celebrando assieme a don Roberto e don Claudio. Quando gli italiani parlano il portoghese, se lo parlano lentamente, riesco a capire almeno la metà, ma poi mi perdo.
Allora ripenso all’ascensione di Gesù, ed a tutti quelli che con lui sono saliti al cielo, ma rimangono nel nostro cuore. Ascensione è una continuazione della Risurrezione, ovvero noi crediamo che se siamo risorti con Cristo, partecipiamo delle cose di lassú, dove si trova Cristo assiso alla destra di Dio (questo versetto mi piace particolarmente, forse solo io so perché!).
Domani sarà il giorno in cui visiteró i luoghi dove don Ruggero visse dal gennaio 2008 fino al giorno della sua morte, 19 settembre 2009. Era arrivato in Brasile alcuni anni prima: nel 2005 si trovava a Mangaratiba, poi andò a Pesqueira chiamato dall’amico missionario Francesco Biasin diventato vescovo, il quale lo inviò come missionario a Manaus, collaborando nella zona dove lavoravano i missionari diocesani di Treviso. Erano zone di invasione: quando nel 1995 arrivarono i primi missionari di Treviso, furono inviati in questa zona (che qui non chiamano parrocchia, bensí area missionaria) per evangelizzare, iniziare una pastorale e formare comunitá. Nel 2008 a don Ruggero fu affidata una area missionaria, nella quale lavorava assieme ad un altro prete brasiliano di Pesqueira ed un diacono: oggi, 9 anni dopo, i quartieri si sono moltiplicati, i circa 20 mila abitanti sono diventati 200 mila e quella unica area missionaria (che si denomina tuttora Area missionaria Cuore Immacolato di Maria) si è oggi convertita in tre aree missionarie diverse. Ogni area missionaria viene affidata a due o tre sacerdoti (a volte solo uno) e contiene varie comunitá, ognuna delle quali tiene la propria chiesa, aule e catechisti per la catechesi, lettori, coro, gruppi di preghiera e soprattutto consiglio pastorale e consiglio per gli affari economici. Ci sono aree pastorali che hanno solo 9 comunitá, altre che ne hanno anche 25! Sono passati 9 anni e, anche se la realtá è profondamente cresciuta e cambiata, il suo ricordo nelle persone che lo hanno conosciuto ed hanno collaborato con lui è ancora molto forte.
Accompagnato da Mirco, ex volontario del Gruppone missionario di Treviso ed ora felicemente sposato qui a Manaus, oggi visito la comunitá Esperança e Vida, sostenuta tuttora dal Gruppone. Il direttore attualmente è padre Rubson, collaboratore ed amico di don Ruggero.

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<Dijo esto, ascendió al cielo bajo sus ojos, pero un día volverá de la misma manera>. Ayer celebré la ascensión de Jesús en la iglesia de Santa Mónica, en los suburbios del norte de Manaos, celebrando junto con Don Roberto y Don Claudio. Cuando los italianos hablan portugués, si hablan despacio, puedo entender al menos la mitad, pero luego me pierdo.
Luego pienso en la ascensión de Jesús y en todos aquellos que han ascendido al cielo con él, pero permanecen en nuestros corazones. La Ascensión es una continuación de la Resurrección, es decir, creemos que si somos resucitados con Cristo, participamos en las cosas de allá arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios (¡me gusta especialmente este versículo!).

Mañana será el día en que visitaré los lugares donde vivió el P. Roger desde enero de 2008 hasta el día de su muerte, el 19 de septiembre de 2009. Llegó a Brasil unos años antes: en 2005 estuvo en Mangaratiba, luego fue a Pesqueira llamado por su amigo el misionero Francesco Biasin se convirtió en obispo, quien lo envió como misionero a Manaos, colaborando en el área donde trabajaban los misioneros diocesanos de Treviso. Estas eran zonas de invasión: cuando los primeros misioneros de Treviso llegaron en 1995, fueron enviados a esta área (que no llaman parroquia sino área misionera) para evangelizar, iniciar una pastoral y formar comunidades.

En 2008 se le encomendó al P. Ruggero un área misionera, en la que trabajó junto con otro sacerdote brasileño de Pesqueira y un diácono: hoy, 9 años después, los distritos se han multiplicado, los aproximadamente 20 mil habitantes se han convertido en 200 mil y el único el área misionera (que todavía se llama Área Misionera Corazón Inmaculado de María) ahora se ha convertido en tres áreas de misión diferentes. Cada área misionera está confiada a dos o tres sacerdotes (a veces solo una) y contiene varias comunidades, cada una de las cuales tiene su propia iglesia, aulas y catequistas para catequesis, lectores, coro, grupos de oración y especialmente consejo pastoral y consejo para asuntos económicos. ¡Hay áreas pastorales que solo tienen 9 comunidades, otras que tienen hasta 25! Han pasado 9 años y, aunque la realidad ha crecido y cambiado profundamente, su memoria en las personas que lo conocieron y trabajaron con él sigue siendo muy fuerte.
Acompañado por Mirco, antiguo voluntario del Grupo Misionero de Treviso y ahora felizmente casado aquí en Manaus, hoy visito la comunidad de Esperança y Vida, aún con el apoyo del Gruppone. El director es actualmente el padre Rubson, colaborador y amigo de Don Ruggero.

-3 Manaus

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Le 36 ore di barca (pur essendo state interrotte dalla sosta obbligatoria e da me non prevista a Coarí) sono molto lunghe, considerando che dalle 10 di mattina del giorno 11, sarei arrivato a Manaus alle prime ore dell alba del giorno 12 maggio. Sí, arrivo a Manaus con qualche giorno di anticipo. Anche se in amaca, il mio sonno è comunque profondo, ma 200 persone che staccano ed attorcigliano la loro amaca nella valigia non possono rimanere silenziose! Cosí alle ore 5h30 del mattino, è ancora buio ma si distinguono nettamente molte luci all-orizzonte del fiume: è una grande cittá, sono arrivato a Manaus. Con l-aiuto del telefono di un vicino, chiamo don Roberto Bovolenta per avvisarlo del mio arrivo, nel giro di una mezzora, al porto di Manaus. Ripongo anche io la mia amaca e chiudo le valigie, e dopo l-attracco aspetto don Roberto che arriva trafelato al porto, per una indicazione del molo che non era poi cosí perfetta! Sono stanco, peró sono contento, perché in fondo quando si parla dialetto ci si sente a casa. Dopo una lauta colazione durante il tragitto, arrivo nella loro canonica, dove mi assegna una comoda stanza e riposo per un po. A pranzo conosco finalmente anche il suo compagno di missione, don Claudio Trabacchin, ed iniziamo a chiacchierare molto sulla missione, sui preti delle nostre diocesi, sulla gente, sui sacramenti: insomma ci sfoghiamo come tutti i preti, anzi in veritá ci confrontiamo e cresciamo! Nel pomeriggio assieme a don Roberto facciamo un programma dei giorni che passeró a Manaus. Intanto –senza fretta- cerco di sistemarmi, di riposare, di godere della presenza e dell amicizia dei giovani preti diocesani di Treviso, fideidonum a Manaus, e di santificare il giorno del Signore nella loro comunitá cristiana. Ho cosí maggior tempo e serenitá per prepararmi alla visita dei luoghi dove è vissuto e dove ha donato la vita don Ruggero Ruvoletto, nei giorni prossimi, probabilmente il 15 maggio.
In serata, la celebrazione della messa è nella comunitá di San Antonio di Anchieta. Durante la domenica, concelebro le messe nella comunitá di Santa Monica, praticamente davanti alla canonica. Le messe sono alle 7 (celebra don Roberto) ed alle 19 (celebra don Claudio). Perché parlo di comunitá e non di parrocchia… Nell arcidiocesi di Manaus (come anche nel resto dell Amazzonia), oltre ad alcune parrocchie, ci sono soprattutto aree pastorali. Soprattutto nelle grandi periferie molta gente arriva dai villaggi o anche dalle piccole cittá, ed allora, fino a che il quartiere non trova una certa stabilitá, anche a livello ecclesiale si lavora per aree pastorali. Ho l-impressione che il lavoro pastorale sia comunque molto maggiore: le aree pastorali sono zone molto grandi e molto popolose. L area pastorale viene affidata ad almeno due o tre preti (se c-è ne solo uno è molto dura). Quella affidata ai due amici preti trevigiani si chiama area pastorale di Santa Monica ed ha ben 11 comunitá, in ognuna delle quali c-è il catechismo, i gruppi parrocchiali, i ministri della Parola, i ministri straordinari dell Eucaristia, i lettori, i cantori, un consiglio pastorale, un consiglio degli affari economici. I preti hanno un calendario mensile con le messe da celebrare durante la settimana e nei giorni festivi: dove non arrivano, e sempre secondo il calendario (domenica o giorno feriale che sia), celebrano i ministri della Parola secondo il rito previsto. Ci sono quindi 11 chiese, grandi e piccole: la chiesa piú grande è quella di Santa Monica, che dá il nome all area pastorale ma non è la chiesa parrocchiale, anzi viene considerata alla stessa stregua delle altre. Tutti i sacramenti si possono celebrare in ogni chiesa, a parte la Cresima che viene celebrata nella chiesa piú capiente. Questa chiesa si trova eccezionalmente vicina all abitazione dei preti (lo dico perché qui in Brasile non è affatto scontato che i preti vivano in una casa nei pressi di una chiesa, anzi molto spesso è una casa privata non facilmente individuabile).

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Las 36 horas de lancha (aunque han sido interrumpidas por la parada obligatoria y no programadas en Coarí) son muy largas, considerando que desde las 10 am del día 11, habría llegado a Manaus en las primeras horas de la madrugada del 12 de mayo. Sí, llegué a Manaus unos días antes. Aunque en la hamaca, mi sueño sigue siendo profundo, ¡pero 200 personas que se retiran y tuercen su hamaca en la maleta no pueden permanecer en silencio! Entonces, a las 5:30 de la mañana, todavía está oscuro, pero claramente hay muchas luces en el horizonte del río: es una gran ciudad, llegué a Manaus. Con la ayuda del teléfono de un vecino, llamo a Don Roberto Bovolenta para avisarle de mi llegada, dentro de media hora, en el puerto de Manaus. También coloco mi hamaca y cierro las maletas, y después de la aparición de la litera, Don Roberto llega al puerto, sin aliento, como una indicación del muelle que no era tan perfecto. Estoy cansado, pero estoy feliz, porque básicamente cuando hablas dialecto te sientes como en casa. Después de un abundante desayuno en el camino, llego a su rectoría, donde me asigna una habitación cómoda y descanso por un tiempo. Durante el almuerzo, finalmente me encuentro con su compañero de misión, el P. Claudio Trabacchin, y comenzamos a hablar mucho sobre la misión, sobre los sacerdotes de nuestras diócesis, sobre la gente, sobre los sacramentos: en resumen, desahogamos como todos los sacerdotes, de hecho, comparamos y crecemos ! Por la tarde, junto con don Roberto, hacemos un programa de los días que pasaré en Manaos. Mientras tanto, sin prisa, trato de establecerme, descansar, disfrutar de la presencia y la amistad de los jóvenes sacerdotes diocesanos de Treviso, fideidonum en Manaus, y santificar el día del Señor en su comunidad cristiana. Tengo mucho más tiempo y serenidad para prepararme para la visita de los lugares donde vivió y donde Don Ruggero Ruvoletto dio su vida, en los próximos días, probablemente el 15 de mayo.

Por la noche, la celebración de la Misa se realiza en la comunidad de San Antonio di Anchieta. Los domingos, concelebro las misas en la comunidad de Santa Mónica, prácticamente frente a la casa pastoral. Las masas están en 7 (celebrado por don Roberto) y en 7 pm (celebrado por don Claudio). Porque hablo de comunidad y no de parroquia … En la arquidiócesis de Manaus (así como en el resto del Amazonas), así como en algunas parroquias, hay principalmente áreas pastorales. Especialmente en los grandes suburbios, muchas personas vienen de pueblos o incluso ciudades pequeñas, y luego, hasta que el distrito encuentre una cierta estabilidad, incluso a nivel eclesial, uno trabaja para las áreas de pastoreo. Especialmente en los grandes suburbios, muchas personas vienen de pueblos o incluso ciudades pequeñas, y luego, hasta que el distrito encuentre una cierta estabilidad, incluso a nivel eclesial, uno trabaja para las áreas de pastoreo. Tengo la impresión de que el trabajo pastoral es mucho mayor: las áreas pastorales son áreas muy grandes y muy pobladas. El área pastoral se confía a por lo menos dos o tres sacerdotes (si c-es solo uno es muy difícil). La que se le confió a los dos amigos, sacerdotes de Treviso, se llama área pastoral de Santa Mónica y tiene 11 comunidades, en cada una de las cuales hay catequesis, grupos parroquiales, ministros de la Palabra, ministros extraordinarios de la Eucaristía, lectores, cantantes. , un consejo pastoral, un consejo de asuntos económicos. Los sacerdotes tienen un calendario mensual con las Misas para celebrar durante la semana y los días festivos: donde no llegan, y según el calendario (domingo o día de la semana), celebran a los ministros de la Palabra según el rito esperado. Por lo tanto, hay 11 iglesias, grandes y pequeñas: la iglesia más grande es la de Santa Mónica, que da el nombre a la zona pastoral, pero no es la iglesia parroquial, sino que se considera de la misma manera que los demás. Todos los sacramentos se pueden celebrar en cada iglesia, aparte de la Confirmación que se celebra en la iglesia más espaciosa. Esta iglesia está excepcionalmente cerca del hogar de los sacerdotes (lo digo porque aquí en Brasil no es nada obvio que los sacerdotes viven en una casa cerca de una iglesia, de hecho muy a menudo es una casa privada no fácilmente identificable).

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36 ore di barca non le avevo ancora vissute. E il momento é arrivato. Era prevista una tappa intermedia a Coarí, però é l’unica città con la quale non sono riuscito a stabilire un contatto, e allora (anche perché, seppur in vacanza, la stanchezza inizia a farsi sentire) ho preferito andare direttamente a Manaus. Poi le sorprese arrivano comunque!
Parto quindi da Tefé alle 18, quindi già almeno una ora prima é bene entrare nel barcone a tre piani e scegliere il posto dove sistemare l’amaca. Padre Valdemar mi accompagna perché così mi affida a parrocchiani conosciuti, così quando vado al bagno qualcuno custodisce i miei bagagli.
Intanto continuano a caricare così tanta merce, che mi chiedo come il barcone possa galleggiare. Ci mettiamo in coda per la cena, un semplice self service, ma molto gustoso. Alle 19, terminato il carico si parte: siamo circa 200 persone. Qualche parola con i miei vicini, ma purtroppo la lingua é un forte ostacolo. Preferisco andare a prua, e al buio contemplare la meravigliosa stellata. Verso le 21 in amaca tento di dormire e ci riesco subito. Ogni tanto mi sveglio per colpa di qualche rumore. Poi alle 5h30 il barcone si ferma: tappa a Coarí per quattro ore. Allora esco per visitare la città. Appuro la ora di partenza (le 10h) ed esco con fiducia.
Come a Tefé, a Sao Paulo, a Pevas, a Tabatinga, di solito la Cattedrale é molto vicina al porto. Infatti dopo quattro isolati mi si presenta sopra un collina verde la splendida piccola Cattedrale di Coarí. Sono le 6, aspetto, poi cerco un panificio, compro e mangio tre pagnotte di pane ancora caldo. Ritorno sulle 7 e mi avvisano che oggi non c’è la messa, ma chiedo di visitare la chiesa e mi permettono anche di pregare.
Ormai sono le 8 e mi avvio verso il porto, ma faccio un tentativo in curia per conoscere qualche prete o chissà il vescovo. Suono alla curia ed alla segretaria dico che sono un sacerdote italiano di passaggio. Parole azzeccate, perché mi fa entrare ed aspettare. Mi di presenta un prete quasi anziano, però in forma, indossa una maglietta coloratissima che ricorda la festa patronale di una parrocchia della zona. Ha la faccia di prete polacco, però non può essere il vescovo! Glielo chiedo e mi dice in portoghese: Sono un chierichetto! Così penso che sia un sacerdote che lavora in curia e, quantunque io parli in spagnolo e lui risponda in portoghese, iniziamo una discreta conversazione. Finché a un certo punto dice: Non parlo bene l’italiano, perché l’ho parlato solo negli incontri dei vescovi a Roma. Allora gli guardo la mano e vedo l’anello che il mio acuto spirito di osservazione non aveva finora adocchiato.
Continuiamo ugualmente a parlare del mio pellegrinaggio, della sua nomina, della diocesi (in realtà é una prelatura), dei preti, della vastità del territorio (130.000 kmq, quasi mezza Italia, in cui vivono 400 mila abitanti).
Mi offre una piccola però gradita colazione, gli chiedo il bagno e così mi fa vedere anche la sua casa, un semplice appartamento, vicino alla curia, con alcune stanze per gli ospiti: questo é l’episcopio. E comincia ad insistere: Perché andare via subito? Perché non mi fermo qualche giorno? Gli rispondo che ho tutti i bagagli nel barcone, il biglietto pagato e gli amici preti di Manaus pronti per venirmi a prendere domani. E mi chiede come mai mi sono fermato in tutte le tappe precedenti lungo il Rio delle Amazzoni, escludendo solo Coarí. Così gli racconto che quando ho organizzato il viaggio ed ho cercato in Internet i contatti con tutte le località dove sarei passato, le uniche due prelature che non mi avevano risposto erano Tefé e Coarí. Poi per Tefé sono stato aiutato successivamente, ma Coarí é rimasta sulla carta. Insomma era quasi dispiaciuto e mi ha invitato a ripassare la prossima volta. Sicuramente sono stato impressionato dalla sua accoglienza, anche se solo per il tempo di una sola ora!
É ora di tornare al porto, mi congedo e arrivo sul barcone alle 9h30. I vicini mi vedono contenti, erano quasi preoccupati, perché alle volte gli orari non vengono rispettati. In quel momento staccano le gomene e la barca salpa: erano le 9h45. Mi dico: alla faccia degli orari! Invece dopo qualche ora mi accorgo che il mio orologio è in ritardo, probabilmente al momento di regolare il nuovo fuso orario mi è scivolato indietro. Indietro esattamente di 15 minuti! Non avrei avuto nessuna possibilitá di riprendere il barcone, con le mie valigie, una volta partito! Anche stavolta mi è andata di lusso!

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36 horas de bote aún no los había vivido. Y el momento ha llegado. Se planificó una etapa intermedia en Coari, pero es la única ciudad con la que no pude establecer contacto, y luego (también porque, aunque de vacaciones, la fatiga comienza a sentirse), preferí ir directamente a Manaus. ¡Entonces las sorpresas llegan de todos modos!
Luego salgo de Tefé a los 18, así que al menos una hora antes es bueno ingresar a la barcaza de tres pisos y elegir el lugar para arreglar la hamaca. El padre Valdemar me acompaña porque me confía a feligreses conocidos, así que cuando voy al baño, alguien guarda mi equipaje.

Mientras tanto sigo cargando tantos bienes, me pregunto cómo puede flotar el bote. Nos preparamos para la cena, un simple autoservicio, pero muy sabroso. A los 19 años, cuando termina la carga, comenzamos: somos unas 200 personas. Unas palabras con mis vecinos, pero desafortunadamente el idioma es un gran obstáculo. Prefiero ir a la proa, y en la oscuridad contemplar el maravilloso estrellado. Alrededor de las 9 pm en una hamaca trato de dormir y puedo hacerlo de inmediato. A veces me levanto por algún ruido. Luego, a las 5h30, el bote se detiene: una parada en Coarí durante cuatro horas. Así que salgo a visitar la ciudad. Espero la hora de salida (10h) y salgo con confianza. Como en Tefé, Sao Paulo, Pevas, Tabatinga, la Catedral suele estar muy cerca del puerto. De hecho, después de cuatro cuadras, la espléndida y pequeña Catedral de Coari aparece en una colina verde. Son las 6 en punto, estoy buscando, luego estoy buscando una panadería, compro y como tres hogazas de pan aún caliente. De vuelta en 7 y me advierten que hoy no hay misa, pero pido visitar la iglesia y también me permiten orar.

Ya son las 8 en punto y comienzo hacia el puerto, pero hago un intento en la curia para encontrarme con algún sacerdote o que conozca al obispo. Sonido a la curia y al secretario, digo que soy un sacerdote italiano que está de paso. Palabras aptas, porque me hace entrar y esperar. Me presenta a un sacerdote casi anciano, pero en forma, vistiendo una colorida camiseta que recuerda la fiesta patronal de una parroquia en el área. Él tiene la cara de un sacerdote polaco, ¡pero no puede ser el obispo! Le pregunto y él me dice en portugués: ¡Soy un monaguillo! Entonces, creo que es un sacerdote que trabaja en la curia y, aunque hablo en español y él responde en portugués, comenzamos una buena conversación. Hasta cierto punto, dice: “No hablo bien el italiano, porque solo hablé en las reuniones de los obispos en Roma. Luego miro su mano y veo el anillo que mi agudo espíritu de observación no había detectado hasta ahora. También continuamos hablando de mi peregrinación, su nombramiento, la diócesis (en realidad es una prelatura), los sacerdotes, la vastedad del territorio (130.000 kilómetros cuadrados, casi la mitad de Italia, donde viven 400 mil habitantes).

Me ofrece un desayuno pequeño pero agradable, le pido un baño y me muestra su casa, un apartamento sencillo, cerca de la curia, con algunas habitaciones para invitados: este es el episcopio. Y comienza a insistir: ¿por qué irse de inmediato? ¿Por qué no me detengo unos días? Le digo que tengo todo el equipaje en el bote, el boleto pagado y los amigos de los sacerdotes de Manaus listos para recogerme mañana. Y me pregunta por qué me detuve en todas las etapas anteriores a lo largo del río Amazonas, excluyendo solo a Coarí. Entonces le digo que cuando organicé el viaje y busqué en Internet contactos con todos los lugares donde iría, las únicas dos prelaturas que no me habían respondido eran Tefé y Coari. Luego, para Tefé, me ayudaron más tarde, pero Coari se quedó en el papel. En resumen, casi lo sentía y me invitó a revisar la próxima vez. Seguramente me impresionó su bienvenida, ¡aunque solo fuera por el tiempo de una hora!

Es hora de regresar al puerto, salgo y llego al barco a las 9:30. Los vecinos me ven feliz, estaban casi preocupados, porque a veces los tiempos no son respetados. En ese momento, separan los guinches y las velas del barco: eran las 9:45. Me digo a mí mismo: ¡delante del horario! En cambio, después de unas horas me doy cuenta de que mi reloj se ha retrasado, probablemente al momento de ajustar la nueva zona horaria regrese. De vuelta exactamente 15 minutos! ¡No habría tenido la oportunidad de tomar el barco, con mis maletas, una vez abandonado! ¡También esta vez fui lujo!

 

 

 

-5 Tefé

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«Ancora un poco e non mi vedrete, un poco ancora e mi vedrete»
Sono le parole di Gesù nel Vangelo di oggi, peró mi viene spontaneo, oltre che a Gesú, applicarle anche a me in questo pellegrinaggio di despedida (cioè di saluto finale). Nella giornata di oggi invece capiró che a ben altre persone fanno l’esperienza del vedere e soprattutto del non vedere!
Giusto stamattina conosco padre Joaquin, incaricato diocesano della pastorale carceraria. E gli chiedo se ci sono problemi se lo accompagno in carcere, aspettandomi un diniego. «No, vieni pure!» fu la sua risposta, che mi rese sorpreso e felice. Ho pensato: questi sì che vivono rispetto ai loro familiari il «ancora un poco e non mi vedrete, un poco ancora e mi vedrete». Un pellegrinaggio in Amazzonia dura al massimo due mesi, la vacanza di un missionario veniva concessa ogni due anni, ma un carcerato rimane dentro quattro muri. Sì, li ho contati, sono quattro muri, non c’è un giardino, ma é un sotterraneo.
L’entrata nel carcere è una comunissima porta di casa lungo la strada della cittá. Nella prima stanza ci sono ovviamente due poliziotti che custodiscono una piccola porta interna con le inferriate. Il padre Joaquín, persona conosciuta e di fiducia, non viene perquisito, e nemmeno io, che entro assieme a lui. Solo mi viene requisito momentaneamente il cellulare, perché non vengano operate chiamate non autorizzate né si scattino foto.
Entro assieme a lui in questo corridoio oscuro. Si sente un forte odore di chiuso. Nell stesso piano cé un reparto per il carcere femminile, che accoglie solo tre donne. Gli uomini sono nel… sotterraneo! Scendiamo una lunga rampa di scale ed entriamo nel Medioevo: in un luogo cosí io potrei impazzire! Vengo informato che vivono lí 77 carcerati, alcuni provvisori (in un altro reparto al piano terra) e molti definitivi, tutti nel sotterraneo, con stanze senza finestre ed un unico cortile, dove solo nelle ore previste, mirando in alto, si puó vedere il cielo e la luce del sole. E queste persone vivono qui per anni, senza godere i familiari, le spose, i bambini. É certamente quello che meritano, fa parte della loro rieducazione, però io impazzirei!
Padre Joaquín saluta tutti, è allegro, gioviale. Ed invita chi vuole a partecipare alla celebrazione in una stanza del sotterraneo: partecipano dieci carcerati cattolici (in altre mattine, altri pastori protestanti propongono altre celebrazioni nella loro confessione). Padre Joaquín ha uno stile originale, allegro, positivo, sorriso in volto e chitarra in mano. Penso a quanto sia difficile riuscire a portare un messaggio di speranza in questo ambiente, a queste persone!
Durante la celebrazione, ognuno dice la sua risonanza, poi tocca a me: parlo del mio pellegrinaggio lungo i fiumi dell’Amazzonia, parlo della mia meta, che é onorare un amico prete e visitare il luogo della morte di lui, che é stato ucciso a Manaus, probabilmente perché scomodo ai signori della droga.
Successivamente mi rendo conto che tutti i carcerati sono dentro per traffico di droga. Ma in fondo ho detto ciò che, per quanto a loro scomoda, é la verità.
Padre Joaquin mi presentava alle guardie carcerarie come Collega, per farmi entrare.
Grazie, colega Joaquin, per le testimonianze di oggi: quelle profonde degli amici carcerati, che senza capire il portoghese ho intuito dalle espressioni dei volti. E la tua testimonianza di prete ottimista e felice, che non si tira indietro di fronte alle situazioni scomode, dove davvero non saprei cosa dire. Eppure tu avevi una parola per tutti, una tua pacca sulla spalla faceva sorridere un carcerato che per tutta la mattina (e la settimana precedente) era rimasto serio! Era il tuo modo, originale e vincente, di portare la Buona Notizia. Obrigado, colega!

-5b
Nel pomeriggio, visto che il barcone partiva alle 18, chiedo se c´è la possibilitá di visitare la Misión. Me ne avevano parlato, come di un luogo molto bello da visitare, giacché si trattava del quartier generale degli spiritani, i religiosi che per primi avevano evangelizzato il territorio di Tefé. Peró era a circa mezzora di canoa, ma una visita valeva la pena. Con il consiglio di padre Valdemar, contatto un guidatore di canoa e mi porta alla Misión. Percorriamo un tratto del rio Tefé, che ha le acque molto chiare, e poi entriamo nel rio Solimoes (ovvero Amazonas) le cui acque sono molto diverse, le definirei sporche, color crema. Ci sono addirittura dei punti, che il mio autista mi mostra, dove si vede che le acque si mescolano, come se si mette qualche goccia di vino nell’acqua: le mie foto non evidenziano bene questo spettacolo!
Alla misión incontro padre Firmino, religioso spiritano, portghese che ben conosce l’italiano. Con grande passione mi mostra la chiesa, l’antico convento, il cimitero, la fontana con gli animali. È incaricato di quella zona pastorale limitrofa, con circa 60 comunitá, che nella chiesa della Misión hanno il centro, come se fosse la loro chiesa parrocchiale. Purtroppo il tempo stringe e mi congedo, per ritornare a Tefé, congedarmi da padre Valdemar e non avere problemi con l’imbarco nel porto.

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«Un momento y no me verás, un ratito y me verás»
Estas son las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy, pero me llegan espontáneamente, así como a Jesús, para aplicarlas a mí en esta peregrinación de despedida (es decir, de saludo final). Hoy, sin embargo, entenderé que otras personas hacen la experiencia de ver y especialmente de no ver.

Esta mañana me encuentro con el padre Joaquín, un diocesano a cargo del ministerio de prisiones. Y le pregunto si hay problemas si lo acompaño a prisión, esperando una negación. “¡No, vamos!”. Fue su respuesta, lo que me sorprendió y me alegró. Pensé: sí, viven en relación con sus parientes, “todavía un poco y no me verán, un ratito y me verán”. Una peregrinación a la Amazonia duró un máximo de dos meses, las vacaciones de un misionero se otorgaban cada dos años, pero un prisionero permanecía dentro de cuatro paredes. Sí, los conté, son cuatro paredes, no hay jardín, pero es un subterráneo. La entrada a la prisión es una puerta muy común de la casa a lo largo de la calle de la ciudad. En la primera habitación, obviamente, hay dos policías que guardan una pequeña puerta interna con la barandilla. No se busca al padre Joaquín, una persona conocida y de confianza, ni a mí, que viene con él. Solo necesito el teléfono móvil temporalmente, para que no se realicen llamadas no autorizadas o se tomen fotos.

Dentro de él en este pasillo oscuro. Hay un fuerte olor a cerrado. En el mismo piso hay un pabellón para la prisión de mujeres, que solo recibe a tres mujeres. Los hombres están en … ¡bajo tierra! Descendemos por un largo tramo de escaleras y entramos en la Edad Media: ¡en un lugar como este podría volverme loco! Me informan que viven 77 prisioneros, algunos temporales (en otro departamento en la planta baja) y muchos definitivos, todos en el sótano, con habitaciones sin ventanas y un solo patio, donde solo en las horas programadas, mirando hacia arriba, se puede ver el cielo y luz del sol. Y estas personas viven aquí durante años, sin disfrutar de familiares, novias, niños. Sin duda es lo que se merecen, es parte de su reeducación, ¡pero me volvería loco!

El padre Joaquín saluda a todos, es alegre, jovial. E invita a aquellos que quieran participar en la celebración en una sala del sótano: diez prisioneros católicos participan (otras mañanas, otros pastores protestantes proponen otras celebraciones en su confesión). El padre Joaquín tiene un estilo original, alegre, positivo, con una sonrisa en la cara y una guitarra en la mano. ¡Pienso lo difícil que es poder llevar un mensaje de esperanza en este entorno a estas personas!

Durante la celebración, todos dicen su resonancia, entonces depende de mí: hablo de mi peregrinación por los ríos del Amazonas, hablo de mi objetivo, que es honrar a un amigo sacerdote y visitar el lugar de su muerte, que fue asesinado en Manaus, probablemente porque es inconveniente para los capos de la droga. Más tarde me doy cuenta de que todos los presos están en el tráfico de drogas. Pero al final dije lo que, en lo que les resulta inconveniente, es la verdad.
El padre Joaquín me presentó a los guardias de la prisión como colega, para dejarme entrar.

Gracias, Colegio Joaquín, por los testimonios de hoy: los profundos de los amigos encarcelados, que sin entender el portugués sentí por las expresiones de los rostros. Y su testimonio de un sacerdote optimista y feliz, que no se detiene ante situaciones incómodas, donde realmente no sé qué decir. Sin embargo, usted tenía una palabra para todos, uno de su palmadita en el hombro hizo una sonrisa prisionera que durante toda la mañana (y la semana anterior) fue en serio! Fue su manera original y ganadora de traer las Buenas Nuevas. Obrigado, colega!

-5 b
Por la tarde, viendo que el barco partía a los 18, pregunté si había una posibilidad de visitar la Misión. Me lo habían contado, como un lugar muy hermoso para visitar, ya que era la sede de los espíritus, los religiosos que primero evangelizaron el territorio de Tefé. Pero era una canoa de media hora, pero una visita valió la pena. Con el consejo del Padre Valdemar, me pongo en contacto con un conductor de canoas y me lleva a la Misión. Seguimos un tramo del río Tefé, que tiene aguas muy claras, y luego entramos al Río Solimoes (o Amazonas) cuyas aguas son muy diferentes, yo los llamaría sucios, de color crema. Incluso hay puntos, que mi conductor me muestra, donde se puede ver que las aguas se mezclan, como si pusiera unas gotas de vino en el agua: ¡mis fotos no muestran bien este espectáculo!

En la misión me encuentro con el padre Firmino, un hombre religioso, un portugués que sabe italiano. Con gran pasión me muestra la iglesia, el antiguo convento, el cementerio, la fuente con los animales. Él está a cargo de la zona pastoral vecina, con cerca de 60 comunidades, que tienen el centro en la iglesia de Misión, como si fuera su iglesia parroquial. Lamentablemente, el tiempo se acaba y me despido, para regresar a Tefé, despedirme del padre Valdemar y no tener problemas para abordar el puerto.

 

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